El aborto clandestino, una condena para la mujer latinoamericana

Entre el 2010 y el 2014, más de 30 millones de mujeres latinoamericanas optaron por una interrupción voluntaria del embarazo. Ya sea por carencia de información o métodos de anticoncepción, por pertenecer a culturas poco propensas a la planificación familiar o por consecuencia de violaciones, el número de embarazos no deseados es muy elevado en el subcontinente y, según el Instituto Guttmacher, la cifra de mujeres que deciden abortar ha aumentado respecto a periodos anteriores. El 97% de aquellas que optan por hacerlo, viven en países donde esta práctica está restringida. Y en Chile, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Suriname está totalmente prohibida, en algunos casos incluso perseguida y castigada con penas de hasta 30 años de prisión.

De acuerdo con los últimos datos publicados por el mismo instituto –con sede en Nueva York–, cada año mueren más de 22.000 mujeres al mundo –de media– de resultas de abortos inseguros. El año 2009 la cifra llegó a 70.000 muertes. Son la clandestinidad, la criminalización y la estigmatización del aborto las que conducen muchas mujeres latinoamericanas a sufrir graves complicaciones de salud y la muerte. Uruguay, Cuba, la Guayana y Puerto Rico son los únicos países de la región, hasta ahora, que han legalizado totalmente el aborto durante el primer trimestre de embarazo. Aun así, esto no es garantía de un servicio de aborto público, seguro y gratuito.

Resultat d'imatges de quiten sus roarios de misovarios

‘Giro a la izquierda’ poco efectivo

A pesar del llamado giro a la izquierda que han vivido buena parte de los países de América Latina desde los años 90 del siglo pasado, la situación legal del aborto se ha flexibilizado muy poco en una región muy influenciada por la Iglesia católica y sectores conservadores y dominada por unos poderes políticos y financieros que responden a la lógica neoliberal. Bolivia, por ejemplo, a pesar de haberse convertido en un Estado plurinacional con unas políticas sociales destacadas continúa condenando las mujeres que optan por interrumpir su embarazo a entre uno y tres años de prisión; excepto en casos de riesgo por la vida del bebé, por la salud de la madre o por violación, según una ley que no se revisa desde 1973. “Ante esta situación, los consultorios ilegales continúan obteniendo beneficio de mujeres de todas las edades. Detrás de los anuncios públicos de test de embarazo, se esconde un mercado negro que propaga la incertidumbre y el miedo”, explica Ruth Bautista, feminista de Paz.

Pionera en la América Latina en la legalización del matrimonio homosexual y el cambio de nombre para las transsexuals, la Argentina de los gobiernos kirchneristas se quedó atrás en materia de aborto. Según cifras oficiales, se producen cerca de 500.000 abortos clandestinos anuales en el país, 80.000 de los cuales finalizan con la hospitalización de las mujeres. Alemenos 100 de ellas pierde la vida durante el proceso. A pesar de que la ley contempla un aborto legal para las mismas tres causas mencionadas, según Belén Palomino, activista de la organización Socorro Rosa de la provincia de Salta: “Esta situación se da, pero ponen muchos palos a las ruedas, puesto que hay médicos que se declaran objetores de conciencia. Tenemos que luchar contra un sistema que está muy arraigado en el catolicismo y también contra médicos que no conocen el protocolo de la Interrupción Legal del Embarazo y no quieren ejercerlo”.

Contrastes en el Brasil

Con una situación parecida a la de Argentina, en el Brasil, muchas voces denuncian que la ley de interrupción del embarazo, de 1984, no facilita abortos legales y seguros. Una mujer que quiera hacerlo durante el primer trimestre del embarazo necesita certificados médicos, autorizaciones de jueces que constaten que la interesada realmente ha sido víctima de una violación y otros requisitos burocráticos que lo hacen casi imposible. Según la organización política Aos Fatos, por cada aborto legal que efectúan los centros de salud pública brasileños se atienden cien casos de post-aborto. “Una compañera de la universidad que había sido violada quedó en coma después de un aborto clandestino; cuando se despertó, descubrió que no había conseguido perder el hijo y la llevaban a prisión, donde posteriormente fue separada de él”, explica alarmada una estudiante de la Universidad Federal de Goiás.

“Yo quedé embarazada a los 21 años. Si hubiera querido abortar de manera segura, no lo hubiera conseguido y, si la tentativa de abortar me hubiera hecho acabar en un hospital, me habrían arrestado. Sólo la mujer rica puede abortar de manera segura”, testimonia Jordana Barbosa, estudiante de un doctorado en Antropología social en Sao Paulo y madre de un niño de siete años.

Aún así, el mes de noviembre pasado, en el Estado de Río de Janeiro, el Tribunal Supremo Federal brasileño dictó una sentencia que puede establecer una jurisprudencia importante: afirmaba que abortar durante el primer trimestre de embarazo no podía ser ilegal en ningún caso y alegaba que ningún país desarrollado –citaba Alemania y Francia– criminaliza el aborto durante la fase inicial de gestación.

Pinochet todavía manda en Chile

En Chile, se está a la espera de la aprobación de una reforma impulsada por Michelle Bachelet a finales de su segundo mandato, que tendría que regular las tres causas para abortar de manera legal. Mientras tanto, pero, impera una ley aprobada por Augusto Pinochet en 1990 que prohíbe el aborto en cualquier caso.

Aun así, la psicóloga chilena Tània Hevia explica que “hay muchas mujeres organizadas para generar instancias de educación sexual y aborto seguro y por visibilitzar alternativas y hacernos un lugar en el ámbito social”. Y añade: “Muchas compañeras han abortado con médicos que vienen a casa y cobran la voluntad y ahora está en marcha la campaña Miso pa’ todas”. El eslogan hace referencia al Misoprostol, un medicamento de uso obstétrico –aprobado y aconsejado por la Organización Mundial de la Salud– que facilita el aborto. El fármaco es bien conocido en la mayoría de países del América Latina y, a pesar de que no queda claro que se trate de la opción más segura, sin duda es mejor que la muerte. “Chile continúa siendo un país conservador y católico”, sentencia Hevia.

El caso salvaje de El Salvador

La Fundación Calala Fondo de Mujeres, que trabaja con colectivos de mujeres de la América Central y el Estado español, ha lanzado la campaña Que el ganchillo deje de ser Cosa de Mujeres para denunciar la grave situación de las mujeres que deciden abortar en El Salvador, Honduras y Nicaragua. Maria Palomares, directora de Calala, asegura que, cuando se habla de aborto en América Central, “la situación es de retroceso”. “En muchos casos, antes había un derecho o al menos no estaba prohibido. Pero, los últimos años, se ha extendido la prohibición porque los gobiernos han empezado a legislar guiados por lobbies conservadores y religiosos. El Opus Dei está metido en varios gobiernos”, concluye.

“Hay casos de mujeres que han llegado con un aborto natural al centro de salud y el médico no ha querido ni tocarlas, las ha denunciado a la policía y se las han llevado a la cárcel”, explica Palomares. Efectivamente, si durante los últimos veinte años ha habido aproximadamente veinte países que han liberalizado la normativa relativa al aborto, El Salvador y Nicaragua –así como Polonia– la han endurecido. Con la antigua guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) al gobierno, El Salvador es el único país donde las autoridades detienen mujeres regularmente bajo la acusación de interrupción deliberada, por la cual pueden llegar a cumplir condenas de 30 años de prisión por “homicidio agravado”. Actualmente, algunos diputados han propuesto despenalizar el aborto, pero parece que esta posibilidad todavía tendrá que recorrer un camino muy largo.


Infografia de PAU FABREGAT

Colonialismo e intereses corporativos

Yendo al origen de esta tierra, existen pueblos indígenas en todo América que, siguiendo tradiciones posiblemente milenarias y a menudo desconociendo la legislación nacional, continúan usando plantas –sobre todo raíces– tanto para regular la fertilidad como para abortar cuando lo consideran necesario. En su libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaría, la escritora italiana Silvia Federici apunta a los orígenes de la criminalización del aborto en el continente: “A partir de la asociación entre anticoncepción, aborto y brujería, los crímenes reproductivos pasaron a ocupar un lugar prominente a los juicios coloniales”.

Y las entrevistadas en este reportaje señalan que la causa de esta legislación lesiva hacia el derecho al aborto no sólo es el sistema de valores coloniales, católicos y patriarcales, sino también los intereses de las grandes corporaciones propietarias de clínicas médicas que de ella se benefician. Quizás por eso, asegura la activista boliviana Ruth Bautista, “La despenalización del aborto genera señalamientos y persecuciones entre pasillos y las mujeres continuamos sufriendo, muriendo y pariendo en las peores condiciones”.

Articulo publicado originalmente en La Directa 424

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De la vida raspachina y sus alternativas

Viste pantalón largo, camisa de manga larga, botas y un trapo debajo la gorra: el calor no es peor que los moscos. Con cintas de alguna camiseta vieja que, evitando que lo hagan sus dedos acabaran rasgadas y desgastadas, se enrolla cada dedo índice. Lleva el coco en el que irá depositando las infinitas hojas de coca y una estopa donde ir acumulando, libra tras libra, el fruto de su trabajo. Lleva también una jigra con el aparatito radio, gato –desayuno y almuerzo  que preparó su mujer madrugona presa del fogón de leña y el humo- y un tarro con agua panela. A las cinco y media ya raspa.

Hacia las cuatro y media o cinco de la tarde llega al rancho con ese costal pesado. Su mujer, como siempre, le tiene preparada una limonada fresca. Cogió 20 quilogramos. A 1.000 pesos el quilo ese día se ganó 20.000 pesos, 6.70 euros. En unas 11 horas de trabajo. “Apenas para la comidita da, ahora que los pelaitos empiezan curso, no hay con qué pagar el material escolar, toca ponerse a vender empanadas”, comenta con su mujer mientras se saca la mugre de los ojos.

Cuando su finca, seguramente de menos de una hectárea o de 10.000 matas de coca, esté íntegramente raspada y vendida toda la hoja a algún otro agricultor que ha decidido aproximarse un poco más al negocio del narcotráfico y sumergirse en el mundo de los laboratorios químicos, tendrá que ir a jornalear para otros. La misma cosa con una caminata, más o menos larga, de mañana y de tarde. Uno de estos días, raspando y raspando, recuerda sus 13 años en Cali, cuando podía llegar a tener aparte 12 y 13 millones de pesos, unos 4.300 euros, una fortuna.

Hacia las ocho y media, mientras sentados en el suelo desayunan su arroz con fríjol y plátano frito, otro trabajador le pregunta:

– Como hizo para entrar a trabajar en la olla?

– Por la suegra, que hasta ahora vende! Empezó con que si podía conseguirle 100 gramitos de acá de la vereda, luego que media libra y así a lo último ya me fui para allá, comencé de trabajador y luego alquilé un local en la olla, ahí en El Calvario, y monté una chatarrería y vendía de hasta tres libras por semana, a 6.000 pesos el gramo. Mucha ganancia, eso era como millón por semana.

– Peligroso, no?

– Uh, cuando me devolví yo quedé más endeudado… debo como 8 millones! Cogieron a un muchacho que llevaba la mercancía y tuve que pagar la mercancía y la moto, además algunos de mis vendedores eran viciosos y se consumían la mercancía y había que pagar impuesto a los tombos, que eran tres turnos distintos, eso eran 600.000 mensuales.

– Como le llegó la policía?

– Llegaron a requisar: “qué, esto como que no solo es chatarrería, usted como que vende basuquito, no?”, “requísenme”, les dije, y a mí no me encontraron nada sino que ellos ya sabían: “usted vende con los papelitos de tal color, que yo le compré a uno que trabaja con usted… sabe qué puede hacer para que no contemos nada? Nos paga 200.000 cada mes”. Luego vienen bandas de la zona conocidas y te cobran vacuna.

– Le amenazaban sino?

– Esos sí, esos te presionan, le dicen a uno “nosotros trabajamos así, colabórenos o sino no podrá trabajar o usted verá, trabaje para nosotros, vamos a trabajar”, no, eso se volvió pero un lío…

– Aquí uno si trabaja tranquilo por lo menos, con el sonido de los pajaritos…

– Uh, pero esto es duro. Pa’ la comidita da, pero ahora que los pelaitos empiezan curso, a mí me toca pagarles los libros, el grande que lo tengo en Cali, estudiando en un barrio sano, quedé de colaborarle con 150.000 al mes, la matricula es a partir de mañana y no hay con qué. Yo quisiera que ellos fueran más sanos.

– Bueno, por ahí irse a la ciudad a vender le dio más plata pero tuvo buena suerte porque no le pasó nada. Uno lo piensa pero cualquiera no se va a la olla sino conocer a alguien, allá le pelan a uno.

Y vuelven y siguen raspando.

“Soy el raspachin de los cocaleros

y vivo mi vida, vivo vivo bueno.

Voy de finca en finca toriando avisperos

de esos que se encuentran en los cocaleros

raspando y raspando me gano el dinero

hay que tener cuidado vivo entre los fuegos”

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Ir a dedo para (nunca) comprender este país

Me levanto en Taganga, Magdalena, la idea es llegar a Curumaní, Cesar:

1. Me levanta un camión que carga material de construcción. En la cabina van dos hombres, uno uribista, el otro “guerrico”, segun el primero. “Lo que pasa es que yo viví diez años en la Venezuela de Chavez! Ahora tuve que devolverme porque eso esta muy feo pero yo cuando se presenten voto a las FARC!”.

2. En Santa Marta me levanta el señor Alfonso Hernandez, 35 años de camionero, nacido en Calarcá. Deja de “desgraciado” para arriba al presidente Santos; denuncia que la situación de su gremio es muy grave, el gobierno ha dejado paso a una multinacional de transportes, Impala, que llega con sus mulas propias y su lógica neoliberal a quitarle el trabajo a él y sus paisanos. 43 días de paro camionero nacional, en junio de este año, no sirvieron de nada “los líderes sindicales se vendieron por una platita mientras nosotros poníamos hasta muertos en la lucha”. Vemos decenas de camiones esparando carga en varias indústrias, me dice que algunos compañeros ya estan buscando otros trabajos.

3. Ya en Ciénaga, tierra de la masacre bananera de Cien años de soled, me levanta esta vez un matrimonio. Ella ilusionada, “yo tambien soy periodista de formación pero no quise venderme y contar mentiras en un medio!”, luego fue gerenta de un banco durante 17 años. Él iba para cura pero su primo, “un diablillo”, le enseño otros caminos y hoy es transportista. Ella me habla de su juventud revolucionaria, de reuniones en la facultad con Carlos Pizarro y de las ideas de Bolívar y del Che.
“Pero yo misma le daria plomo a la guerrilla hasta matarlos a todos! (…) Los únicos años en los que yo podía caminar sola y tranquila por la calle fueron los de Uribe!”. Sí, es bolivariana y uribista. Y votó no en el plebiscito porqué “como vamos a entregarles el país a esos sicarios?” Y con todo, son una pareja reamorosa, me invitan a almorzar y ya somos amigos en redes sociales.

4. A continuación me levanta un humilde padre de familia que va hacia la mina de carbón. Trabajará durante ocho dias 12 horas diarias y volverá a su casa, en Aracataca -tierra natal del Gabo-, para descansar tres jornadas antes de volver a la min. Y asi hasta pensionarse: “yo cotizo es para luego viajar asi como tu, con mi mujer”. Asegura que si no fuera por el huracán Mathew hubiera ganado el Si este dos de octubre. En su pueblo, como en otros, no llegaron las mesas electorales porque estaba todo inundado. Pero siguen deforestando para plantar banano. “Claro que voy a votar a las farc, todo lo que sea cambio sera bueno”.

5. Finalmente Tumar es quien me deja en Curumaní. “De nada sirve votar…todos corruptos, cobran 28 millones para empobrecer más al pais”.

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IIRSA, la infraestructura de la devastació

Amèrica Llatina ha viscut una dècada de falsa esperança a través dels anomenats governs progressistes. Dels deus principals països d’Amèrica del sud només tres no han “gaudit” de les polítiques socials –o assistencialistes- que amagaven darrera una continuació i potencialització de la lògica neoliberal extractivista de la que el continent sencer és víctima des de la colonització. Perú, Colòmbia i Paraguay, no han tingut ni un Lula da Silva, ni un Hugo Chávez, ni un Néstor Kirchner, ni un Pepe Mujica, ni un Rafael Correa, ni un Evo Morales ni una Isabel Bachelet i malgrat tot, el continent sencer passa actualment per una mateixa fase expansiva de la infraestructura global de la devastació.

Ja l’han anomenat una “Nova Operació Cóndor”, una “Nova Fase de la Colonització” o la “Invasió de les Multinacionals”. El que està clar és que per la població que defuig de personificar la massa alienada llatinoamericana ja comença a ser palès i evident que fa anys que, amb l’eslògan del “desarrollo”, la seva terra ha entrat en un nou boom de saqueig i genocidi on, com sempre en aquest continent, pobles indígenes, afrocolombians, comunitats camperoles i urbanes de les perifèries perden a diari vides, territoris i recursos naturals en mans del poder fàctic polític, còmplice i beneficiari del poder real, el financer, l’econòmic, el global, el que camina cap a una supremacia.

Sens dubte, des del camp polític i econòmic el panorama és fosc perquè el que s’està donant a conèixer són els passos finals i definitius d’una estratègia globalitzadora que fa un parell de dècades que està firmada i aprovada de manera totalitària pels que s’han cregut els governants de la terra, en aquest cas encapçalats pel Banc Interamericà de Desenvolupament. En el camp espiritual d’aquest continent tan ric però, no està tot dit: precisament en la riquesa natural i energètica de les muntanyes, els rius, les selves, els llacs i en la força ancestral de tants pobles que lluiten i resisteixen en el temps i l’espai rau una preciosa possibilitat de deconstrucció i creació pròpies que mica en mica transformi la foscor. Les dimensions del monstre són desafiadores (gegantines represes, ports imperials, tones d’asfalt, mineria a cel obert, túnels que travessen centenars de quilòmetres de terra andina…) però mai hem d’infravalorar la força de la Mare Terra, del Poble, del Sol o de la Lluna, de tempestes, terratrèmols o huracans.

Els mitjans de comunicació devastadors de consciències mai faran l’exercici de reflectir lluites, explicar causes i sumar els milions de persones que surten als camps i als carrers des de fa dècades cridant en contra d’un sistema demolidor com el capitalista, d’una fase aniquiladora com la neoliberal i d’una casta traïdora i enganyosa com la dels polítics que s’han posat la samarreta del Poble i de la Mare Terra i que en els seus noms han seguit assassinant-los.

El documental “IIRSA: la infraestructura de la devastació” ens dóna eines per entendre la dimensió de la greu situació per la que passen els recursos naturals i els pobles de l’estimada Amèrica Llatina.

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Porqué Colombia defraudó al mundo

Si el pasado domingo 2 de octubre Colombia hubiese votado mayoritariamente por el Si en el plebiscito para los acuerdos de paz negociados en La Habana, muy posiblemente no se hubiera desencadenado en este país una de las semanas más tensas y más densas a nivel político y mediático. Sobre todo teniendo en cuenta que el gran evento dedicado el mundo ya se había perpetuado el anterior 26 de septiembre con la blanca ceremonia de la firma de estos acuerdos con la presencia de grandes eminencias internacionales -cómplices de masacres y del fascismo como Peña Nieto o Juan Carlos I. Si analizamos esta parte, vemos que hasta hace poco no estaba claro cual iría primero, si el plebiscito o la firma. Y tal como se ha desenvuelto finalmente la secuencia cabe preguntarse:

¿Para qué el plebiscito si los acuerdos ya estaban firmados y bendecidos? ¿No era más lógico firmarlos después de que el plebiscito, es decir la población colombiana, los ratificara? –aunque es evidente que esa ceremonia fue el mayor acto de campaña por el Si- ¿O es que pensaban –o piensan, y más después del Premio Nobel- implementarlos de cualquier modo? Éste martes la ministra de cultura respondía parcialmente a éstas cuestiones con su silencio después de ser preguntada por si había “un Plan B” para el escenario del No en el plebiscito. Cortada, después de unos segundos, soltó como a quien se le escapa la verdad “No, no había Plan B, pensábamos que ganaríamos”.

Siguiendo en el escenario de un lunes después del Si a la paz, los grandes magnates del país ya estarían fregándose las manos con otras firmas; las de los contratos multimillonarios con multinacionales extractivistas extranjeras, corporaciones mineras, agropecuarias, energéticas que, borrado del mapa el principal actor que las mantenía alejadas de los recursos naturales del país, han sido entrenadas para entender la paz colombiana como una bienvenida a sus inversiones y su especulación. Con su llegada, más hombres se pondrían el traje de paramilitar para seguir defendiendo sus intereses. Y con ésta abertura neoliberal también se vendría –y se vendrá y ya está aquí- un incremento de la represión y la criminalización de las comunidades y los liderazgos campesinos, indígenas y afrodescendientes que, con experiencia en autoorganización y resistencia, defienden estos recursos naturales juntamente con su dignidad de vida.

Aquí en el Cauca, ya tendríamos a las combatientes de las FARC desmovilizándose en los puntos campamentarios y zonas veredales transitorias de normalización  instaladas en territorios rurales que ya han estado relacionadas con al menos 35 muertes en todo el país. En aproximadamente seis meses nos emocionarían con la construcción de las tres estatuas hechas con las armas de la guerrilla, una de ellas en Nueva York, sede de la paz y de la ONU.

Porqué Colombia dijo No

Eso podría suceder, entre otras muchas cosas, positivas y negativas, si hubiera ganado el Sí. Pero ganó el No y parece que Colombia defraudó al mundo. El mundo que a menudo escuchó hablar de una guerrilla que seguía insistiendo en llegar al poder a través de las armas en Colombia, que también debe haber escuchado alguna cosa sobre el narcotráfico y el paramilitarismo que envuelven y complican el conflicto, pero que seguramente no ha leído mucho sobre los famosos acuerdos de paz que hace cuatro años se negocian en La Habana entre las FARC y el gobierno de Santos. Aparentemente se trata de unos acuerdos transgresores comparados con acuerdos de paz de otros países, hecho que trae a muchos a desconfiar de su implementación. Pero más allá de la posibilidad de que se pudieran o no implementar, ha sido sobretodo el contenido de los acuerdos el que llevó a un 50,2% del pueblo colombiano que salió a votar a hacerlo por el No, y lo hicieron desde varios puntos de vista:

  1. El No alternativo o revolucionario

En primer lugar, el proceso de paz no se ha hecho desde abajo, se ha hecho desde arriba. Del Estado neoliberal de Santos lo podíamos esperar, pero del llamado Ejército del Pueblo quizás queríamos esperar una metodología más plural y popular. Sí, ha habido participación de víctimas, de mujeres, de colectivos étnicos etc. pero algunos lo consideran “tan solo migajas” o “pura fachada”.  Por otro lado, los acuerdos de paz derivados de este proceso no tocan solamente temas que atañen directamente al gobierno y a las FARC como podrían ser la desmovilización o la reinserción a la vida civil y política de los combatientes; en los años 60 las  FARC empezaron a luchar por dos reivindicaciones principales: la reforma agraria y un cambio de modelo económico-social, por lo tanto, para que las FARC dejaran de luchar, en los acuerdos de paz con el gobierno debían, por lo menos, negociarse esos dos temas.

Pero en 2012 Santos ya dejó clarito que el modelo económico-social no estaba en juego y, a lo que quieren llamar reforma rural integral, se la ha definido en el primer punto de los acuerdos sin establecer ningún mecanismo efectivo de redistribución de la tierra. De hecho, en debates previos al plebiscito se ha podido escuchar a promotores del Si tranquilizando a la población asegurando que “ningún propietario perderá sus tierras en el postconflicto”. Por lo tanto, hay un sector, llamémosle progresista o alternativo, que seguramente es un sector muy pequeño de entre las que han votado por el NO –pues más allá de ser pocas en general, muchas de ellas, en clave libertaria o desentendida, habrán votado nulo o se habrán abstenido- que optó por no apoyar un acuerdo que podía considerarse “vendido”, que acababa de abrir las piernas del país a la globalización o que no iba acorde con los ideales revolucionarios originales de la raíz del conflicto.

  1. El No plenamente uribista

Álvaro Uribe Vélez es un hombre conservador que siempre da “gracias a Diós” en sus discursos. Gran terrateniente y conocido articulador de grupos paramilitares durante los años 90 y a posteriori. Partidario de acabar con la guerrilla militarmente, durante su periodo como presidente entre 2002 y 2010, intensificó la violencia contra los grupos insurgentes sin éxito, hecho que le costó muchas vidas a la población colombiana a parte de unos recursos que podrían haber sido destinados a otros fines como educación o salud. En 2005, después de un proceso de paz con grupos paramilitares, aprobó la Ley de Justicia y Paz 975 que, según varias opiniones en el país, lo que hizo principalmente fue legitimar y justificar a estos grupos criminales. De 32.000 paracos –como les llaman popularmente- desmovilizados, 3.600 pasaron por la fiscalía y apenas 600 finalizaron sus procesos con penas máximas de 8 años. Se juzgaban casos de masacres con violencia brutal como torturas sanguinarias o decapitaciones de niñas.

A pesar de que en 2010 Juan Manuel Santos se presentó como candidato apoyado por el recién salido Uribe, hoy día el país considera a estos dos hombres como fervientes rivales, por lo tanto, las respectivas campañas podían tener un componente de ego y competencia personal. Se sumó a este líder de opinión otro expresidente, Andrés Pastrana, quien como Uribe, durante su mandato intentó negociar la paz con la guerrilla, los dos sin éxito. En esta línea, algunos periodistas afirman que no se trata, por parte de estos dos señores, de no querer ésta paz, sino de no querer la paz que consiguió firmar otro y no ellos.

Los principales argumentos del uribismo por el No han sido:

  • La impunidad: según lo acordado, a través de la Jurisdicción Especial para la Paz, si los combatientes reconocen toda la verdad y piden perdón –a no ser que se trate de crímenes de lesa humanidad- pueden evitar largas penas de prisión.
  • La subida de impuestos: se ha criticado que suba el IVA para que el gobierno pueda supuestamente financiar la implementación de los acuerdos en vez de que sean las FARC las que den toda la plata del narcotráfico que presuntamente –y porque hay películas que así lo han mostrado…- tienen escondida bajo tierra en la selva.
  • Falta de una paz justa: a pesar de que hay innumerables víctimas de la guerra que, abiertas a la reconciliación y a la reparación, han ofrecido su testimonio para apoyar los acuerdos de paz, promotores del No como Uribe o el exprocurador general Ordoñez aseguran que no hay justicia para la víctimas y han alimentado así discursos de odio y de venganza. La Jurisdicción Especial para la Paz establece un sistema jurídico paralelo al que ya existe en Colombia para juzgar a las guerrilleras y eso es algo que varios sectores no aceptan.

En definitiva con el argumento de “no entregar la guerra y el país a las FARC”, hay un gran sector de la población, sobretodo en el interior del país, que sigue apostando por Uribe y que ha votado por el No, convencido de sus razones, en clave meramente personalista.

  1. El No humilde víctima de la desinformación

“Yo trabajo harto cada mes para juntar 700.000 pesos y a estos guerricos que llevan años asesinando y violando a nuestras mujeres van a darles 1 millón de pesos durante dos años por dejar las armas?” o “Sin que nadie les vote les van a dar 10 curules a estos manes?” y varias otras tergiversaciones, a menudo cercanas a lo establecido en los acuerdos pero sacadas de contexto, han sido las razones de una clase trabajadora tradicional que, víctimas de la desinformación y la demagogia sembrada sobretodo en las redes sociales, también optó por el No.

Con un sistema educativo público nefasto –sobre todo en lo rural-, una oferta cultural bastante pobre y unos medios de comunicación de masas extremadamente manipuladores y sensacionalistas como Caracol y RCN –canal éste último que claramente le ha apostado al No-, la población humilde y trabajadora que no tiene tiempo ni acceso a información veraz sobre los acuerdos, a menudo han hecho caso al vecino o al cuñado que comentaba el tipo de argumentos arriba mencionados sin, por eso, ser uribista –posicionamiento que en varias regiones se lleva escondido por estar muy mal visto.

  1. El No religioso contrario a la “Ideología de género”

La Iglesia Católica de Colombia se vio obligada a posicionarse delante la cercanía del 2 de octubre y lo hizo declarándose “neutral”, algo considerado “muy grave” por varios críticos y políticos progresistas. Y más allá del neutralismo oficial, muchas iglesias locales apostaron por el No con el argumento de la “infamia de la ideología de género”, que “pone en peligro los valores de la familia”. Con “ideología de género” este grupo que está muy lejos de querer mostrar una imagen moderna y promotora de la equidad -algo que, lejos de ser verdad, en muchos otros países intenta hacer la iglesia-, se refiere al enfoque de género que una subcomisión de género le ha aplicado a los acuerdos de paz de La Habana y que básicamente establece mecanismos para garantizar la representatividad equilibrada en la vida y participación política del “postconflicto” y la no discriminación por diversidad de género.

Fruto de una colonización voraz, Colombia es un país donde, sobre todo en los sectores rurales, la iglesia tiene una gran influencia en la población y, cada vez más, la iglesia evangélica está pasando por delante de las demás. De modo que probablemente el No católico traviese la mayoría de los votos por el No.  De hecho, es significativo que después de los resultados del domingo uno de los primeros grupos con los que Santos se ha sentado para dialogar sobre el camino a seguir haya sido precisamente la iglesia.

(No se olvide que también existen padres alrededor del territorio que hacen un trabajo impecable en la defensa de los derechos humanos de las comunidades, a menudo desde la Teología de la Liberación)

  1. El No de las que temen algunos efectos de los acuerdos

Habrá, en otros sectores del país, otros motivos locales concretos por los que se haya votado por el No. En zonas donde el cultivo de coca y marihuana es el principal sustento familiar de muchas campesinas, algunas se han sentido amenazadas por el tercer punto de los acuerdos que establece la sustitución y erradicación de estos cultivos embriones del narcotráfico. Asustadas por un cambio –o incluso una judialización- inminente decidieron decir no a esa posibilidad. Cabe tener en cuenta que por ese mismo motivo, la posibilidad de erradicar y sustituir estos cultivos que traen conflictividad y crimen a las veredas, muchas han votado por el Sí.

  1. El No a la paz

Distinto al No a los acuerdos. Si todos los anteriores son puntos de vista que lo que implican son exigencias de cambios en los acuerdos de paz, en su implementación o en su sistema jurídico propio, existe un pequeño sector que votó en clave bélica esperando quizás que si ganaba el No se reanudara el conflicto. Podrían ser grupos pro-FARC descontentos, empresarios del sector armamentístico, quien sabe. Habría que hacer una tesis doctoral para desarrollar y entender esa opción, pero haberla, la hubo.

Posiblemente varias colombianas hayan optado por el No por varios de estos puntos de vista juntos y por otros que seguro habrá, lo que parece ser una realidad es que el país y el mundo se llevaron una sorpresa y, parcialmente, una desilusión. A nivel popular en Colombia el resultado ha mostrado lágrimas y desesperanza por un lado y caras de orgullo y triunfo por el otro. En Bogotá, hay unas pocas decenas de jóvenes acampadas en la Plaza Bolívar asegurando que no se van hasta que se implementen los acuerdos.

Mientras tanto las FARC han construido una nueva trinchera de donde, a pesar de ser “la palabra la única arma”, parecen no querer moverse: afirman que “el plebiscito no tiene ningún valor jurídico”, solo político. Es decir que al Ejército del Pueblo no le está valiendo mucho lo que un 50,2% de las colombianas opinaron el día 2 de octubre. Santos aseguró que prolongaba hasta el 31 de octubre el cese al fuego bilateral y definitivo – ¿cómo prorrogar lo “definitivo”? -, a lo que Timochenko se preguntó vía twitter, “de ahí para adelante continúa la guerra?”. Por otro lado está el que parece que tenga la pelota en su campo, Álvaro Uribe, al que se le han podido escuchar declaraciones tan claras como la siguiente: “propongo reorientar los acuerdos del mismo modo pero no así, sino así como ustedes dicen pero en sentido contrario”, literalmente.

A nivel estatal, todas las fuerzas, políticas y sociales, las del Sí y las del No, se están reuniendo en una gran cumbre nacional para encontrar una vía de salida a la incertidumbre que reina en el palacio de Nariño. Entre los partidarios del Sí ya suena entre pasillos la idea de un segundo plebiscito. Paralelamente se han hecho varias acusaciones; por un lado a las encargadas de la campaña por el Si –ya dimitió una de sus responsables, la ministra de educación Gina Parody- y por otro, a la decisión de acelerar el proceso y no dar tiempo suficiente a la población para familiarizarse con los acuerdos antes del plebiscito, hecho que puede haberse visto reflejado en la participación de solo un 37% del electorado en las urnas.

Porqué la baja participación

En una primera observación, hay que recordar que en las elecciones de 2014 también fue un 40% del electorado el que salió a votar. Se podría defender que ésta era una decisión mucho más importante que unas simples elecciones al tratarse de un plebiscito que auguraba un cambio de lógica, el fin de una era en Colombia. Pero en este país, como parece ser tendencia mundial, hay un desencanto importante hacia la política y las instituciones –víctimas, también, de la corrupción, las puertas giratorias etc.- y, lo más importante, a diferencia de otros países del continente, no es obligatorio votar.

En América Latina en general, y por lo tanto en Colombia, existen aun territorios donde el Estado hace presencia básicamente a través del ejército –que obliga a los jóvenes a hacer el servicio militar- y de la policía. Ni escuelas, ni hospitales públicos ni transportes colectivos. Entradas ya en la querida modernidad occidental, cada vez son menos estas regiones pero los servicios o el asistencialismo que van llegando en la mayoría de municipios son impuestos des de afuera y de mala calidad. Parece lógico que la población de estos bastos rincones no se sienta llamada a las urnas cuando se les requiere. Se podría hacer un paralelismo, con sus largas diferencias, con las zonas urbanas periféricas de las grandes ciudades.

Así pues, quizás será cierto lo que algunos análisis apuntan sobre que la baja participación haya influido en el resultado de este plebiscito, pero, dejando de lado los 4 millones de potenciales votantes de la costa que no pudieron salir a votar –seguramente con mayoría por el Si por ser una zona muy afectada por el conflicto-  debido a el paso del huracán Matthew, el que no votó, posiblemente lo hizo por indiferencia. Ni por miedo a represalias ni por desconocer la cita, anunciada en muros, radios y televisiones. Seguramente muchas sientan que las elecciones, presidenciales, departamentales o municipales no van con ellas y que la de este domingo pasado era una jornada electoral más, sin interpretar que realmente tenía un trasfondo más profundo. En ese sentido, es posible que algunas de las que se han sorprendido negativamente con el resultado, que confiaban en las encuestas que auguraban más de un 60% al Sí, y que no salieron a votar, hayan podido sentir cierto remordimiento.

¿Y el Premio Nobel, para qué?

Finalmente, no se puede evadir el gran acontecimiento que le ha puesta la cereza al pastelazo que ha sido ésta semana a nivel mediático en Colombia. A nivel superficial en el país se ha interpretado el Premio Nobel de la Paz concedido a Juan Manuel Santos como un “espaldarazo de la comunidad internacional a los acuerdos de paz”. Ese premio hasta le ha subido la moral al presidente que el viernes por la tarde, crecido, afirmaba que muchas habían votado al No por ignorancia. A nivel popular muchas ya andan criticando que un señor que se proclama cómo “el que más duro les ha dado a las FARC en términos militares”, refiriéndose a sus tiempos de ministro de defensa durante el mandato de Uribe, haya ganado un premio a la paz –al más puro estilo Barack Obama.

“Si recibe el premio en nombre de todo el pueblo, cómo dice, a ver si reparte el millón de dólares entre todo el pueblo también!”, exclamó el jueves por la mañana un señor caleño. Algunas ponían en duda que el premio llegara después del No en el plebiscito pero lo más posible es que ya estuviera pactado. Y más que un espaldarazo a la paz por parte de la comunidad internacional se podría interpretar como un llamado de atención para que el gobierno colombiano ponga orden en su país ya que la inversión extranjera está impaciente por acabar de hacer presencia.

 

Éstas y mil informaciones, reflexiones y opiniones más pasan por la cabeza de una huésped de Colombia que trata de entender ésta compleja y hermosa realidad. Solo para terminar, una intervención que hizo un comunero indígena Nasa durante un diplomado para “constructores de paz” organizado por la ONU-DDHH:

“Yo pensaba que la guerrilla nunca iba a firmar porque lo que pensé que reivindicaban era imposible que el gobierno lo conceda. Entonces cuando veo que sí firman, uno se da cuenta que ya todos están detrás de unos intereses…Qué es lo que buscan las FARC? Qué será lo que buscan? (silencio) Acomodarse?”.

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La paz en Colombia y dejar de sobrevivir

Las FARC, establecidas y refugiadas durante el conflicto armado en selvas, montañas y parques naturales, han jugado durante las últimas décadas de despojo salvaje en América Latina, el papel indirecto de guardianas de recursos naturales ante la actividad de las corporaciones multinacionales. Con el postconflicto, concepto con el que el gobierno colombiano se refiere a la etapa que se abre una vez firmados los acuerdos de paz de La Habana, Juan Manuel Santos y muchos otros promotores de la llamada muy ampliamente “paz” en Colombia, aseguran que llegaran muchos inversionistas extranjeros que van a crear oportunidades de trabajo y desarrollo social y económico.

En otras palabras, “lo que se viene es una paz corporativa y neoliberal”, como dijo hace poco un exrector de una universidad pública de Cali. O en otras palabras, de varios líderes populares de Colombia, “se termina la guerra de plomo pero sigue la guerra económica”, “intentan secuestrar el camino de la paz hacia sus propios intereses” o “lo que se viene es una masacre de pueblos y de recursos naturales”.

Es lo que desde las comunidades de base se lee y se observa en esta coyuntura; se acerca otro tipo de conflicto, un conflicto de intereses y, al fin y al cabo, un (el) conflicto de clases. Se acerca otro tipo de guerra y para eso se prevé aumentar -y se anunció poco después de proclamar el cese al fuego bilateral y definitivo- el número de efectivos del Escuadrón Móvil de Antidisturbios de la Policía (ESMAD). Se desmovilizan guerrilleros y se activan grupos paramilitares. Se fomenta la participación política mientras se anuncia más represión. Se habla de desarrollo medioambiental mientra se otorgan concesiones mineras y licencias de fracking. Para la paz,”el gobierno de Santos esta haciendo la guerra con anestesia”, afirma otro líder popular. De hecho, es un buen indicativo de la paz que se acecha el hecho de no poder citar nombres y apellidos de aquellos quien la critican.

Cierto es que hasta hora algunas multinacionales se han privado de invertir en estas tierras hostiles manchadas de sangre y crimen, pero no se podría decir que el pueblo colombiano no tenga ya experiencia en ser un peón víctima de la explotación laboral de tales inversionistas. Es por eso que en las comunidades se habla de autonomía alimentaria, de asociacionismo y de desarrollo comunitario. Porque “el 70% de los colombianos sobrevivimos o levantamos el sancocho cada día, como decimos”, explica el alcalde de un pequeño municipio, y son las necesidades y las ganas de dejar de luchar para comer de este 70% de los colombianos las que tienen que verse satisfechas con esta paz.

 

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Vivo en Corinto

Estoy aquí, al otro lado de la taza de café que te tomas en un pequeño espacio libre dentro de tu apretada agenda occidental. Ya hace meses que crecen los frutos, rojos y amarillos, muy enganchados a las ramas de los miles y miles de matas plantadas en norte del Cauca colombiano. Y con las lluvias de abril ya han madurado lo suficiente para que empiecen las largas jornadas de re
cogida. Si con la familia nuclear no basta, a menudo porque algunos de sus miembros están ocupados cortando marihuana o tomando en la cantina del pueblo, se avisa a los vecinos de la vereda de que pueden ir a “jornalear”. Pagan unos 400 pesos colombianos el kilo: el que trabaje duro puede conseguir unos 15.000 pesos por día, aproximadamente 5 euros. Una barra de pan cuesta 2.000 pesos y la gasolina ahora está a unos 2.200 el litro.

P1140686.JPGEstoy aquí, en el primer escalón de la cruel cadena que transporta la marihuana desde el agricultor colombiano hasta el adolescente que se fuma su primer porrito en el callejón del barrio. Cada vez que bajo al pueblo atravieso con la moto aromas de esta hierba tan rica pero que tanta pobreza crea. Y estoy aquí, donde la hoja sagrada de los pueblos andinos es prostituida para elaborar un polvo blanco que reboza la nariz de tantos empresarios en el mundo y el tráfico de la cual crea un entramado sanguinario de relaciones a escala mundial. Incluso llega a ser difícil encontrar hoja de coca tostada para mambear en rituales espirituales; llevarla a las cocinas de cocaína cotiza mucho más. Y para acabarlo de contaminar, algunas organizaciones, incluso de entrañables voluntarios norteamericanos, fumigan las plantaciones de esta planta milenaria con glifosato. Para acabar con el narcotráfico dicen. No duden nunca de que Monsanto está detrás de todo gran negocio inhumano.

Vivo en Corinto, Cauca, Colombia – pongan “Corinto Colombia” en Google imágenes para entender la esencia. Me acoge con amor una familia indígena, campesina. No todos los campesinos se consideran indígenas, pero casi la totalidad de los indígenas son campesinos. Aquí, a las cinco de la mañana empieza la jornada para la ama de casa que se levanta para empezar a cocinar. Hacia las seis el señor y los hijos comen un buen plato de arroz con lentejas o frijoles, papas y, cuando hay, una porción de carne o pescado de río. Y para la finca, con la ropa más remendada que tengan y botas de agua para avanzar entre el barro. Seguramente lleven una radio colgada para entretenerse mientras repiten la misma actividad durante horas. Cosechar café no tiene demasiado misterio, la complicación, en las sierras donde las comunidades indígenas se han ido viendo arrinconadas con el avance de los terratenientes, es trabajar en pendiente. Equilibrios para ir recogiendo frutos, llueva o hierva el sol sobre sus cabezas. En alguna ocasión quizás paren y se den el placer de comerse una guama, una guayaba o alguna otra fruta fresca que recojan del árbol que les hace sombra.

Más tarde o el día siguiente pasarán los frutos de café por la moledora para que salga la cascarilla, lo limpiarán para que permanezca sólo el grano y lo dejarán secar  al sol, removiéndolo cada pocas horas y tapándolo cada vez que llueva. Esto cada día durante la temporada de cosecha de café. Cuando sea la temporada de la coca ya les explicaré cómo es. Son los dos cultivos más comunes por esta zona junto con la marihuana. Siembra, cuida y cosecha. Toda la vida. A los 65 años y con una sonrisa en la cara el amo y señor de la casita de guadua y bareque, don Maximino, me asegura que de esto se trata la vida y que así morirá él, trabajando. Para que luego digan que los indígenas son unos perezosos. Cuando se puede, porque hay tiempo, dinero para el transporte y no llueve, se baja al pueblo a hacer la remesa del mes; arroz, sal, panela, aceite. Poca cosa porque la mayor parte de lo que necesitan todavía lo pueden extraer de la tierra propia. Quién sabe si por mucho tiempo: las grandes mineras ya tienen permisos para explorar este territorio, extremadamente rico en minerales. Y ya se sabe que de explorar a explotar van un par de letras. Ellas: el narcotráfico, el conflicto armado y la lógica extractivista neoliberal, han ido reduciendo estas comunidades que siempre se han mantenido en pie de guerra y que continúan resistiendo. Ahora bien, las víctimas mortales son semanales sino diarias.P1140171.JPG

En el núcleo familiar suelen ser unos cinco o siete hermanos. A menudo repartidos por el país; quizás no se ven durante años. Y por más que vivan bajo el mismo techo a veces no saben nada los unos de las otros. La centenaria tradición de opresión colonial y estatal ha dejado una triste herencia de resignación al trabajo y carencia de salud emocional, al menos en el ámbito familiar. Afortunadamente a nivel colectivo y comunitario se ha construido una fuerte tradición de lucha, resistencia y alegre rebeldía para combatir todo lo anterior. Pero no, a menudo no hay demasiada comunicación, y aun menos muestras de efecto entre familiares. Para poner un ejemplo, no saben muy bien si no celebran los aniversarios o la Navidad porque no son costumbres culturales propias o porque no hay ni ha habido recursos ni espíritu de celebración para hacerlo. El caso es que tampoco celebran los solsticios u otras fiestas originarias. Aunque últimamente a través de la organización indígena regional se están recuperando rituales importantes que se habían perdido socialmente pero no espiritualmente. Cada mes de agosto se celebra en alguna de las reservas indígenas del norte del Cauca el Saakhelu, ritual de pago a Uma Kiwe, la Madre Tierra.

Así que, como decía, hay mucha movilidad poblacional el origen de la cual es la precariedad laboral, de forma que podemos hablar de desplazamientos forzados, que se sumarían a los millones de desplazamientos forzados contabilizados oficialmente debido al conflicto armado colombiano. Indígenas, afrodescendientes y descendentes de europeos en una nación mezclada y atizada a la fuerza histórica y geográficamente, en el tiempo y en el espacio. En el mundo agrario, cuando no hay trabajo, los campesinos se van hacia otro lado, hacia donde le puedan haber dicho que están pagando bien la libra de coca o de café, aunque sea a horas de distancia. Y si en ese otro lado, un joven agricultor, se topa una buena racha porque sube el precio de la coca, conoce una muchacha bonita que está para casar, encuentra una tierra económica y cría una descendencia, ya tenemos a núcleos familiares que van disgregándose.

Y pasan los años y un día uno de los hijos decide ir a conocer a sus abuelos, abuelas, tíos y tías, hacia las tierras de donde un día lejano su padre marchó. Y en estas tierras originarias él se convierte en un familiar que viene de lejos, al quP1140626.JPGe quizás ya habían visto un par de veces de pequeño o tan sólo en fotografías. Y llega sin avisar, quizás porque no ha tenido cómo; no tiene sus números de celular o no tienen teléfono. O quizás porque no ha querido; porque si avisa quién sabe si los familiares se darán la molestia de hacer la cocina –seguramente de guadua y zinc- más grande, de matar una vaca o de comprar una cobija nueva. Y al llegar hay que reconocerse; “Sí, mi padre es el hermano de tu padre”, “Ah, tú eres el más pequeño?”, “No, soy el del medio, detrás mío hay dos más todavía!”, y conversaciones del estilo. Y matarán una gallina para hacerle honores a la visita y él reconocerá la manera parecida de cocinar, de ordenar la leña o de tejer la red de pescar de su padre en la de sus tíos.

Y una de las primeras cosas a preguntarse será: “Y cómo está la familia, están todos vivos?”.

 

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Esmorzar desplaçat

Hi ha un senyor assegut al padrís d’una casa abandonada en un camí de terra que dóna a la carretera. Sosté una ampolleta de plàstic plena de “tinto” -cafè- i menja una “masa” fregida. Quan em torna els “buenos días” m’adono de que és cec. El bastó de fusta és al costat d’un gosset negre d’expressió fidel. Ha vingut a esmorzar aquí, més tranquil, perquè la seva finca dona a la panamericana i “con tanto gas y conflicto, uno emferma, que yo estoy con 81 ya”.

Fa quatre dies que la carretera està tallada. En aquest tram del Nord del Cauca són indígenes nasa. Camperols i comunitats afrodescendents tallen altres vies del país, prop d’unes 30. Són dies intensos a Colòmbia, dies de Paro Agrario indefinit: carreteres bloquejades, disturbis sanguinàris, sectors urbans que es sumen a la vaga, camioners i comerciants indignats i ridícules meses de negociació entre ministres i caps acomodats de les organitzacions socials. Però els que amunteguen troncs, pedres i filferros a les carreteres no han deixat els seus cultius per negociar els seus drets. Estan aquí per exigir, i ja s’hi han deixat la vida de tres companys.

“Cuando uno está con Dios, con la virgen y con los ángeles no pueden con él. A mi me intentaron matar en el hospital, el patrón lo hizo, para no pagarme la pensión. Pero no pudieron. Es un don que Dios me ha dado, no es por guapesas ni nada. Mandé una carta a Uribe y luego una a Santos pero no me hicieron caso. De esa quedé ciego y me pagaron la pensión con esta finquita y ya”. Un senyor al més pur estil García Marquez. “Con la ayuda de los Estados Unidos en el 74 si se podía. Las ayudas nunca estorban”. Un nostàlgic del Partido Liberal. “Ave María Santíssima! Todos queremos vivir, si o no? Tengo derecho a ser un adulto incapacitado, o no?”.

La vida té un valor massa efímer en terres d’eterna guerra. El cos d’un dels indígenes assassinats per L’Esquadró Mobil d’Antidisturbis (ESMAD) descansava ahir a la caseta que fa la funció de Misió Mèdica. Acordonat i salvaguarat per homes de la ONU i de la Guardia Indígena, una centena de persones de les comunitats en lluita i veïns de la zona s’acumulaven al seu voltant, xerrant, comentant. La meva inocència occidental jutjava les persones que fins i tot reien i bromejaven en aquell context. Però unes hores més tard, també entre riures, un dels savis de la tribu posava les coses al seu lloc exclamant que, “por lo menos estos murieron luchando, otros mueren trabajando!”. La mort, inherent a la vida, naturalitzada en el dia a dia colombià, senzillament perquè forma part de la naturalesa. La mala notícia és que  després de dècades de conflicte armat ja s’ha naturalitzat també l’assassinat i les massacres. I també per això segueix el conflicte, la sang demana lluita. I la pau demana justícia social.

Arriba la néta del vell cec amb un quadern d’exercicis i s’asseu al seu costat. No ha tingut escola durant tota la setmana. Ella si que podria arribar a l’escola, per més que hi hagi busos i “volquetas” del ESMAD cremats pel camí, és el professorat el que no podia arribar a l’escola, i encara bo que ràpidament han reaccionat i s’han unit a la vaga.

El vell ja ha viscut de tot i l’experiència l’ha portat, entre “lucidez y psicosis”, més aviat cap al derrotisme.

“Esto ya no tiene arreglo. Esto ya son profecias: el mundo nunca acaba, o digo mentiras? Pero esta generación si. Como cuando mandó Dios el gran diluvio”.

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Entrevista a Feliciano Valencia, preso político de consciencia del pueblo Nasa

“Resistencia es caminar y ser capaces de tener lo propio”

Berta Camprubí, Resguardo Mochique Los Tigres

Feliciano Valencia nació en el resguardo indígena Mochique Los Tigres del combativo departamento del Cauca, Colombia. Miembro del pueblo nasa, una nación ancestral que se extiende alrededor del río Cauca y los páramos del suroeste colombiano, ha aprendido desde niño a defender la autonomía de los pueblos indígenas y la unidad con el resto de comunidades oprimidas. Abre interesantes debates a partir de mis cuestiones durante más de tres horas en el Centro de Armonización Gualanday, centro penitenciario regido por la Jurisdicción Especial Indígena, donde cumple una condena de 16 años por el supuesto secuestro de un cabo del ejército infiltrado en una masiva movilización indígena el año 2008. A medida que avanza la dialéctica se va liberando de su diplomacia inicial y se radicalizan sus argumentos.

Usted es un referente para el movimiento indígena en una región, el Cauca, que es referencia para la lucha indígena a nivel internacional. En qué debería enfocarse ésta lucha en la coyuntura actual?

Mirando lo que hemos construido en los 45 años de proceso organizativo con el Consejo Regional Indígena del Cauca, el CRIC, creo que el movimiento indígena debe centrarse en primer lugar en consolidar los Planes de Vida como alternativa al modelo imperante dominante, fundados en lo cultural-espiritual. Segundo, centrarse en el tema de la autonomía. Hay que precisar que una cosa es la autonomía de los pueblos indígenas desde lo que somos, que es práctica y precisa, y otra cosa es la autonomía que nos da el Estado, una autonomía de papel.

El tercer elemento es la unidad con otros sectores para construir un poder popular más allá de lo indígena; la unidad con negros, con campesinos, con estudiantes, con sindicalistas y la unidad con muchos procesos sociales que vienen librando batallas. Una unidad sin vanguardias, sin caudillismos, una unidad de hecho. Y la otra prioridad debe ser defender el territorio, el territorio como la posibilidad de la existencia nuestra, la posibilidad de la existencia del planeta y del universo.

Líderes indígenas siguen siendo asesinados a diario como es el caso reciente de Berta Cáceres. Algún día terminará ésta persecución?

Creemos que ese es el coste político que los movimientos sociales, indígenas, populares, en el mundo hemos pagado por confrontar un sistema, un modelo y un poder establecidos. En esas ligas y en esas batallas hemos puesto muchos muertos, ahí nomás está el caso de nuestra compañera Berta Cáceres luchando en Honduras. Y nos preocupa mucho el caso colombiano porque si las condiciones de seguridad real no mejoran el postconflicto va a seguir contando muertos. En Colombia están habiendo negociaciones para que las FARC y el ELN se desmovilicen pero el paramilitarismo, algo contradictorio, va en aumento. Y el narcotráfico y las bandas criminales se mantienen. Y la institucionalidad colombiana es muy débil para actuar contra este tipo de crimen organizado.

Sufrimos el flagelo de la delincuencia común que es avasalladora ya en el país, sufrimos el problema de la corrupción y sufrimos a los bandidos o los delincuentes de cuello blanco. Si la correlación de fuerzas no cambia en el país y los que estamos buscando acceder al poder para transformarlo no tenemos las mínimas garantías, el asesinato de líderes sociales va a continuar. Por un lado está la eliminación física de los luchadores sociales, por otro lado la criminalización de la protesta social y por otro lado aun está la judicialización de los líderes sociales y populares como es el caso mío. Yo estoy condenado a 16 años de cárcel ser un luchador y un activista social. Cuando uno mira mi proceso, el derecho actuó de manera política; la justícia funciona al servicio de unos poderes.

Opina que América Latina está experimentando un giro a la derecha?

Intuimos que sí. Se ve en el contexto, en el vecindario, este mensaje, la pérdida de terreno del poder izquierdista social y la avanzada otra vez de la derecha. Entonces mira, Venezuela en crisis, a puertas de perder ese poder nacional que tiene, los modelos ecuatoriano y boliviano cuestionados en este momento… Así que parece que hubiera, o un repliegue o una nueva ocupación del poder real por parte de la derecha en Latinoamérica con Macri en Argentina como exponente. Brasil se mantiene con algunas dificultades pero hay una avanzada fuerte de la oligarquía y lo que más nos preocupa es que gane Trump en los Estados Unidas y que acabe con lo popular que queda en Latinoamérica.

Los gobiernos llamados progresistas –Evo Morales, Rafael Correa– han favorecido de manera real a los pueblos indígenas?

Es difícil de decir. No se ha dado en una realidad pragmática que podamos palpar y ver. Por ejemplo el gobierno progresista de Rafael Correa en Ecuador terminó enfrentado al movimiento indígena en algunas regiones. Los pueblos indígenas venezolanos, aunque tienen participación y reconocimiento en el gobierno, no tienen el poder ni los derechos establecidos como pueblos indígenas en las declaraciones internacionales. En Bolivia Evo Morales tuvo su periodo de crisis y el pueblo indígena se le enfrentó también respecto a su concepción de desarrollo. Los mapuches en Chile están prácticamente avasallados por el Estado y qué diremos de los argentinos, qué diremos de los guatemaltecos y etc. Así que hasta ahorita no ha habido un gobierno que haya retomado el pensamiento, la lógica y el modelo del gobierno indígena para utilizarlos en el gobierno convencional occidental o por lo menos tomarlos como referencia. Todavía nos ven como algo simbólico, como algo folklórico o como algo formalizado que debe tener un gobierno para decir “miren, si somos humanistas con los indígenas”, pero real, real, no.

El líder indígena en un ritual de pagament a la terra amb la comunitat. Ariel Arango

Las transnacionales, los tratados de libre comercio y los gobiernos neoliberales avanzan en América Latina. Como frenarlos?

Vuelvo a insistir en la unidad. Ese bloque, por decirlo así, indígena-campesino-afro que vive de la tierra y que tiene en el territorio su lógica vital, tiene que ser capaz de construir un paradigma económico propio, alternativo, real y capaz de confrontar el otro modelo. Si no tenemos una autosuficiencia para sostener estos procesos vamos a tener que ser dependientes de los Estados o dependientes de la cooperación internacional o de las dádivas que nos den en el mundo. Porque las necesidades avasallan a las comunidades y si vamos a vivir dependiendo del Estado en todo momento no vamos a poder permitirnos esa autonomía que reivindicamos.

Entonces, como parar el modelo neoliberal? Siendo capaces de satisfacer nuestras necesidades. Por ejemplo, mientras el poder hegemónico nos dé un sistema educativo al servicio del modelo neoliberal, un modelo económico basado en el extractivismo, nosotros tenemos que tener nuestro sistema educativo y social propios al servicio de nuestro modelo comunitario. Si las fábricas de Coca-Cola o gaseosas son funcionales al modelo neoliberal, los indios por qué consumimos gaseosas cuando nosotros divinamente podemos crear nuestras bebidas? No debemos hacerle el juego al modelo neoliberal, y esa debe ser una postura política muy fuerte en el interior de nuestros procesos. En fin, aprovechar todo lo que la naturaleza nos da para combatir el modelo neoliberal. Si él está acabando con La Madre Tierra nosotros debemos ser capaces de revertir y confrontarlo utilizando bien los recursos que ella nos da. Pero el neoliberalismo es una aplanadora, si no lo puedes confrontar con casas concretas, te pasa por encima.

“En el debate entre desarrollo y Buen Vivir en América Latina parece disputarse una parte fundamental del futuro del planeta Tierra”, dice Pablo Quintero. Cuáles son las contradicciones entre desarrollo y Buen Vivir?

El desarrollo está fundamentado en un sentido de bienestar que lo da la plata, los recursos económicos; es tener para poder ser y se ha ido metiendo a todo el mundo en esa lógica para la que hay que trabajar de modo tal que termina uno siendo esclavo de toda esta visión que no te permite ser libre. La lógica del Buen Vivir es contraria y contrapuesta. “Yo soy” primero; soy con la tierra, con el territorio, con mi cultura, con mi identidad, soy si tengo un pensamiento y lo construyo, lo defiendo y lo comparto. Tener comida, tener agua, tener casa, también, pero no la infraestructura sino una noción de casa a nivel de territorio y comunidad; puedo ir donde el vecino, puedo ir al río, a la montaña. Siembro, mis hijos van a comer de eso, se me enfermó mi hijo; subo al páramo a buscar las plantas medicinales, yo mismo le curo. Ese es el Buen Vivir para mí. Y es muy contrario a lo que nos ofrece la modernidad, con una visión de desarrollo que va eliminando la vida en el planeta.

La industrialización para la comodidad de la gente sacrifica las posibilidades de vida del resto de la humanidad. Con el agravante de que ese desarrollo y ese bienestar que planea el mundo occidental en clave de modernidad no es accesible para todo el mundo. No es fácil tener acceso a un carro, un apartamento, una buena universidad, son pocos los que pueden. En cambio, gozarnos esta Tierra, este paisaje, la naturaleza, la montaña, la comunidad, los amigos, el tiempo que quiera, eso no se mueve con dinero, eso se mueve con el territorio y la Madre Tierra. Así vemos la contradicción entre el desarrollo occidental y nuestro Buen Vivir.

Algunos estudios han demostrado que la concentración de riqueza está directamente relacionada con la devastación de ecosistemas, como combatirlas?

Es muy difícil porque el modelo neoliberal tiene una infraestructura muy bien montada. El sistema financiero, el educativo, de comunicaciones y tecnologías, todos le funcionan al modelo hegemónico avasallador. Pero nosotros tenemos los inventos diarios para contrarrestarles así que depende mucho de la conciencia política, el pensamiento, la actitud. Para contrarrestar esa lógica necesitamos mucha pedagogía, mucha educación, hay que descolonizar la mente porque nos la domaron, nos la adoctrinaron. Son 200 años de vida republicana, en el caso nuestro en Colombia, y son 500 años de sometimiento. No los vamos a sacar de la noche a la mañana pero se trata de seguir librando esta batalla permanente. Así que descolonizar tiene que ser una premisa, porque lo han hecho por todos los lados, por el gusto, por los oídos, por los ojos. El modelo neoliberal lo que hace es seguir alimentando la colonización y nosotros a veces no creamos contingencias suficientes. Se trata de insistir con las alternativas: sembrar, construir medio propios de comunicación, hacer mingas de pensamiento, mingas agrícolas, producción limpia, sin químicos, boicot a productos externos, gaseosas… Con lo buena que es el agua-panela con limón nuestra!

Si me pongo a hacer cuentas de lo que tengo para contrarrestar el modelo, lo tengo todo. El problema es que no lo estamos utilizando en masa. Y cómo llegar a las masas? a través de los usos y costumbres, de todo un proceso de recuperación de saberes y tradiciones que están allí esperando por nosotros.  Por ejemplo, la salud debe volver a ser preventiva como era antes. Hoy en día es cuando nos enfermamos que corremos a ver a nuestros the wala –médicos tradicionales- y no debe ser así. Qué es mejor, que nos pongan una farmacia acá arriba en la vereda o enseñar a los niños para qué sirve cada planta? Hay que mirar más hacia dentro. Las plantas no necesitan dinero, las pastillas, una inyección, un jarabe, si. Nos complicamos la vida cuando la naturaleza nos lo está dando todo. Nos dejamos avasallar. Contradicciones. Es una cuestión de convicción y de mucha conciencia. Si no tienes formación, cultura, pensamiento y conciencia tienes que acudir al dinero, porque ahí si el dinero te puede solucionar algo.

Contrarrestada con el alarmante gasto militar que tiene muchos Estados, la Guardia Indígena funciona sin armas y suele ser efectiva, cual es su estrategia?

Mira, el presupuesto para la seguridad de las fuerzas militares del país es equivalente al presupuesto de salud y educación juntas. Absolutamente absurdo. La Guardia Indígena tiene una dinámica realmente fuerte, comunicación, formación, espiritualidad, mingas, recorrido permanente en el territorio, puestos de control. No nos hemos puesto a cuantificar cuanto nos cuesta esto pero sale de la comunidad porque es respetada por todo el mundo. Es una alternativa real porque tiene un componente cultural y espiritual que no lo tienen los otros grupos de seguridad armada. Ahí está la fuerza. En tiempos de problemas todo el mundo somos guardia, por eso todo el mundo tenemos la pañueleta roja y verde distintiva, si pasa algo nos la ponemos y vamos. Llevamos 16 años consolidando este proyecto que para mí es la mejor alternativa para el tránsito hacia la paz. Es el poder de la palabra, de la razón, de la fuerza espiritual que tiene el bastón de mando de la guardia frente el poder mortal que tiene una escopeta o un fusil. La humanidad que quiere, una arma mortal o una alternativa civil a través de un elemento simbólico que sea capaz de poner orden en el territorio? Si estamos hablando de la vida, sería lo segundo, sería la Guardia Indígena.

Necesitamos las instituciones públicas para llegar a una transformación social hacia el Buen Vivir?

Necesitamos consolidar nuestras propias instituciones alternativas. Necesitamos instituciones que no se basen en el emplealismo, o sea, emplear a la gente, sino que hay que poner a construir a la gente. No podemos ser tibios, tenemos que ser concretos.

Las instituciones convencionales nunca serán una alternativa para la lógica de construcción popular. Una alcaldía y un cabildo indígena (unidad de gobierno indígena propio reconocida legalmente en Colombia) jamás serán compatibles, y ya hemos caído en la cuenta, al menos los indígenas, que si bien es cierto que necesitamos la alcaldía a veces, ese poder no es el fin para nosotros, es un medio para fortalecer nuestra institución propia. Y menos mal que los negros y los campesinos también han ido reflexionando en esa materia y pensando en su propia institución. Pero pesa, pesa mucho todavía, que los procesos y luchas sociales quieren llegar a conquistar esas instituciones de poder estatal y ahí es donde estamos siendo contradictorios.

Cree que deben aceptar la occidentalización como un paradigma ya naturalizado o deben combatirla como canon hegemónico?

Claro, el movimiento indígena ha adoptado muchas formas occidentales, la misma estructura de cabildo es una forma colonial que hoy funciona como nuestra estructura de gobierno. También las leyes que nos protegen son occidentales. Tratados, convenios, declaraciones, son visiones occidentales que tratan de interpretar el mundo indígena. Nosotros adoptamos todo lo que viene de allá pacá pero de aquí pallá no han aprendido nada. Estamos supeditados a la OEA o a la ONU, de carácter internacional, para salvaguardar nuestros derechos. Pero la ONU nunca ha adoptado una propuesta nuestra para que se convierta en tratado internacional…

Entonces mira, creo que si hay unas adaptaciones del mundo occidental que nos han servido, no podemos negarlo, es más, las necesitamos hoy en día. Pero hay cosas que han sido muy lesivas para nosotros. Por ejemplo eso de las experticias: un indio se va a la universidad, lo devuelven experto en un tema y parece que nos olvidamos de los demás. Eso va en contra de nuestro pensamiento integral. Otro aspecto son los vicios –o costumbres- occidentales que se van metiendo en los asuntos internos nuestros. Por ejemplo la elección de las autoridades de los cabildos antes era por consenso y ahora es al revés, salen candidatos y se les tiene que votar individualmente, e incluso algunos ya hacen campaña y así se forman divisiones y ya se vuelve un problema. Antes todo era comunitario y colectivo.

La tecnología la adoptamos también, ya hoy en todas las oficinas de los cabildos indígenas tienen computadoras. Las formas de producción también son muy occidentalizadas. Antes nosotros teníamos solo nuestro tul nasa, donde sembrábamos de todo. Hoy en día entró la tecnificación, los monocultivos, la producción con químicos, en fin una cantidad de cosas del mundo occidental capitalista que avasallan los territorios. Tenemos que luchar y lidiar con todo eso. El narcotráfico no era nuestro! La producción de alcaloides no es un asunto nuestro, nosotros lo que hacíamos es mambear la coca, ritualizarla, pero no convertirla en heroína o cocaína. Ese si se ha vuelto un problema muy difícil de combatir.

Y otro aspecto bien grave: Ya hay una burocracia indígena. Y su tendencia hoy en día es a concentrarse y luchamos incansablemente para que no termine concentrando poder y la comunidad quede supeditada a ella. Por eso diariamente estamos repensando formas organizativas que no permitan eso y que hagan que la comunidad tenga el control absoluto de la estructura y del proceso organizativo que se va creando. Es muy difícil, pero tratamos de hacerlo. Ojala los recursos económicos no nos pesen y la burocracia para gestionarlos no nos atrape y termine controlando más que la comunidad.

Cumple una condena de 16 años por un delito de secuestro. Cuál fue realmente la acción, “el crimen” que cometió?

Pues yo hasta ahorita me lo pregunto. El hecho se presenta en el año 2008 en La María Piendamó, en el Cauca, a raíz de un proceso de movilización que hicimos para pedirle cuentas al gobierno de Uribe sobre incumplimiento de acuerdos. No vino, nos mandó una represión impresionante, con fuego de armas de largo alcance, tres días de forcejeo en la vía Panamericana, 82 heridos, un compañero asesinado por la fuerza pública… los ánimos estaban muy caldeados. Y en ese contexto se presenta la situación del soldado Chaparral Santiago que se infiltra entre la comunidad de manera premeditada con un fin concreto de colocar artefactos dentro de la comunidad para darles la razón al ejército y al presidente Uribe que nos acusan de tener guerrilleros de las FARC dentro la comunidad. Lo que en Colombia conocemos como un falso positivo, eso nos iban a hacer.

Rendint homenatge a la Mare Terra al ritual de Saakhelu. Ariel Arango.jpg

La Guardia Indígena lo detectó y la asamblea lo sentenció a nueve fuetazos, como remedio tradicional. A él se le armonizó, se le dio la palabra para que se retractara, en fin, se hicieron todos los procedimientos de rigor y de manera pública. Luego lo entregan a la defensoría del pueblo y él llega a Popayán y interpone una demanda. Y la fiscalía determina que yo soy el culpable de todo mientras que yo solo aparecí para coordinar la asamblea. Se vulneraron todos mis derechos como indígena y al día siguiente de la denuncia yo ya estaba en la cárcel, estuve en un calabozo 54 días hasta que la justicia indígena peleó mi traslado aquí al Centro de Armonización del Resguardo de Gualanday, mi cabildo.

Lo más agravante es que la condena que pide la ley colombiana por el delito de que se me acusa, secuestro simple, oscila entre 9 y 16 años y a mí me dieron la máxima pena, que es desbordado. Entonces se interpuso el recurso de casación y la corte suprema de justicia convocó audiencia para el 23 de mayo. Si no nos va bien iremos a la justicia internacional, a La Haya. Todos los analistas jurídicos a los que hemos consultado defienden que a la luz de la realidad nunca hubo un secuestro. Otro hecho que se vulnera desde la fiscalía es que yo ya era beneficiario de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por amenazas y tenía medidas de protección del Estado colombiano, es decir un esquema de seguridad, aunque yo nunca me dejé colocar escoltas armados, yo andaba con dos guardias indígenas.

Se considera un preso político?

Un preso político de consciencia. Porque nunca he militado ni he sido activista de un movimiento armado en Colombia. He luchado contra el Estado por los derechos indígenas y por eso termino condenado, en el fondo es eso. Confrontar a los ricos, al gobierno, a la fuerza pública cuando atropella a las comunidades…todo eso me lo cobraron en este proceso jurídico.

Ha recibido ofertas de acilo político, porque no las ha aceptado?

Ha habido muchas ofertas, de Ecuador, Bolivia, Venezuela, Suiza. Yo creo que no tengo motivos para irme del territorio, aquí nací, aquí he hecho mi vida política, mi vida indígena y estoy muy bien aquí, hemos hecho mucho y se ve en resultados, hay un acumulado muy importante y hay mucho por seguir haciendo y por ahora no tengo en mente salir del país, huir a otros procesos. Eso sería darle el gusto a los enemigos del mundo indígena.

Cómo es cumplir condena en un Centro de Armonización, dentro de la jurisdicción especial indígena?

La autoridad indígena, que es el cabildo, aquí tiene un manual de convivencia y debemos de participar de la comunidad, es decir, hacer labores agrícolas, procesos de formación y capacitación, hacer los rituales espirituales de armonización, asistir a los eventos comunitarios, asambleas etc. La custodia es del cabildo y este delega en la Guardia Indígena para que nos cuide en el Centro Gualanday. Si debo salir a hacer gestiones a las áreas urbanas  salgo con permiso del cabildo acompañado de guardias indígenas. Y el IMPEC sube cada 15 días a pasar revista de nuestra estadía aquí.

Tengo restricciones en derechos políticos como ciudadano colombiano pero los derechos indígenas los conservo porque toda la comunidad sabe que este es un juicio político. Y gracias a estar aquí todavía sigo activo, formando a gente y compartiendo, ya no caminándome el país como hacía antes, ahora es la gente que viene aquí a Gualanday a seguir en el activismo político. La ACIN (Asociación de Cabildos del Norte de Cauca) y el cabildo de acá han definido Gualanday como un Centro Indígena de Armonización Espiritual pero también un centro de formación y construcción política, en el contexto del norte del Cauca. Así que aquí todos los días pasa gente, compartiendo, trabajando, en mingas de pensamiento, en rituales, en fin, se volvió un centro de pensamiento político, de formación permanente.

Como son las mingas de pensamiento?

Las mingas de pensamiento se dan con las autoridades o con los sabios, los médicos tradicionales, que aquí llamamos the walas. Buscamos la luna adecuada para que la conversa fluya y nos sentamos con la medicina, la coca, las plantas, las bebidas que necesitamos para conversar y repensarnos el proceso, como seguir construyendo unidad, como afrontar la relación con el gobierno, y fortalecer el mundo. Normalmente vamos a los sitios sagrados; a ríos, lagunas, nacimientos de agua, montañas, bosques. Una noche, dos noches, tres noches, sintiendo, cateando, mirando el mundo y como seguimos caminando y resistiendo. Luego también hay mingas de formación política, con estudiantes, con mujeres, con jóvenes. Aquí llega gente que dice “Feliciano, aquí traigo coquita, agua ardiente, sentémonos a conversar”, y así lo hacemos. Esas son las mingas; unirnos, pensar y sentir para construir lo que necesitamos.

Se siente afortunado de poder cumplir condena aquí?

Pero claro que sí. La suerte que corrí yo no es la suerte de muchosFent treball comunitari al centre d'harmonització. Berta Camprubí.JPG presos políticos en el país que están en condiciones fatales o incluso que han muerto buscando asistencia médica en centro carcelarios. Y yo no estaría aquí si la gente no se hubiese movido. Apenas me llevaron preso, la Guardia Indígena de la comunidad llegó hasta la cárcel de San Isidro, se instaló a las afueras de la cárcel y estuvieron día y noche acompañando, fue impresionante. Fue un reflejo, casi que un agradecimiento por la entrega, el compromiso y la labor que hemos desempeñado en este proceso. La verdad es que si que soy un privilegiado, aquí estoy con la comunidad, con la familia, con mis hijos, con mis amigos, con todo el mundo. Debo cumplir si una normas establecidas por el cabildo, pero estoy bien aquí, aunque hay que cuidarse porque enemigos políticos hay en todas partes, hay que ser prudentes y acatar siempre lo que la autoridad mía esté indicando.

Sigue recibiendo amenazas?

Sí, claro. Aquí intentaron tres veces entrar en el sitio donde duermo y permanezco. Afortunadamente fueron repelidos por la Guardia Indígena y estos personajes, que no hemos sabido quienes son, dispararon. Por suerte no pasó nada. En otra ocasión también hubo un ataque allá abajo en el puesto de control. Se denunció y ha mermado, pero las amenazas siguen, de hecho el otro día llegó un panfleto firmado por un grupo paramilitar, aunque a ciencia cierta no se sabe quiénes fueron ni quiénes son los que sigue acechando.

Para ir terminando, como caminar hacia la paz en Colombia?

La paz, para mi concretamente, es la posibilidad de empezar a conversar para ponernos de acuerdo respecto a lo que queremos. Debe haber todas las condiciones, los mecanismos y las garantías para que conversemos y no seamos sometidos a la concepción de paz que se está negociando en este momento, de arriba abajo y no de abajo arriba. Creo que Colombia está dando los pasos. Si se logra negociar el conflicto armado con las FARC, con el ELN y con el EPL habremos desactivado un mecanismo que no nos está posibilitando construir la paz. Por eso hemos salido a respaldar las negociaciones del conflicto armado. Pero luego el Estado tiene que dar un viraje en términos de transformar problemas estructurales del país, empezando por la redistribución de la riqueza.

Hay que transformar Colombia, lo que tenemos no es democracia. Hay que darle fuerza a las regiones para que pasen a participar directamente del destino de ellas. Atender los asuntos sociales; la salud tiene que ser patrimonio público del pueblo colombiano, no puede ser un privilegio. Educación, vivienda, empleo, servicios públicos, todo tiene que ser garantido por el Estado. Si no hay satisfacción de las necesidades sociales la paz va a ser muy difícil, porque de hambre nadie se va a dejar morir. Hay que apoyar al campo, a los campesinos con subsidios. Los subsidios para que sirven? Para dar un aire al pueblo que con tanta protesta y movilización tiene que comer también.

La verdad, no, no creo que el gobierno de Santos haga todas esas reformas pero es que la otra es renunciar al Estado de manera definitiva y hacer como los zapatistas. Renunciamos al Estado y nos independizamos totalmente del Estado y no nos joda más el Estado. Para mí particularmente, en el fondo, esa es la concepción, para mí esa es la autonomía de la que te estoy hablando. Hablamos de autonomía pero un gobernador de cabildo está arrodillado ante el alcalde para que le dé para una cancha de fútbol; para mí eso es mendicidad. Un levantamiento indígena, yo estoy en esa línea. Levantémonos para mantener nuestro propio gobierno, nuestro territorio, nuestra propia constitución y decirle a la sociedad colombiana que nos deje en paz, que no nos dé si no nos quiere dar.

Ustedes tienen reconocida legalmente bastante autonomía; gobierno propio, jurisdicción especial indígena, órgano de defensa propio… Están acercándose?

Estamos cerca, para allá vamos. Esa es la autonomía deseable pero cuando a mí me ven diciendo esas cosas los ricos se asustan y mire a donde me traen. Este es el fondo del tema. Entonces tengo que moderar mi discurso de cara al sistema pero también de cara a las comunidades. Aun así, yo siempre he dicho que no confíen en la constitución, algunas leyes son incluso bonitas, pero de aquí a que se cumplan, olvídese. Lo que intentamos hacer a nivel local en Gualanday es esto, un nicho de autosuficiencia. Aquí estamos llegando casi a la “vida sabrosa” vea, mire; trabajamos al ritmo que vemos adecuado, no tenemos un patrón que nos esté mandando, producimos nuestro abono, cocinamos lo que queremos que sacamos de la huerta, nos podemos relajar, no nos vigila nadie, no nos vamos a ir de aquí, somos conscientes. Hay que demostrar que se puede porque la gente si no ve no cree, y entonces se va a reclamar al papá Estado.

Hay que caminar hacia la independencia absoluta, si nos desprendiéramos del Estado no nos moriríamos de hambre, ya tenemos toda la capacidad, el conocimiento y los saberes para resistir. Ese es el sentido de resistencia. No es resistencia estar hablando contra un muro llamado Estado, es resistencia caminar y mostrar que somos capaces de tener lo nuestro propio. No me vale una autonomía de papel, una autonomía en realidad dependiente. Así que, insisto, como confrontamos el modelo neoliberal? Construyendo, fortaleciendo y afanando más nuestro propio paradigma que ya está bien avanzado, solo hay que dar pasos trascendentales. Y el paso trascendental al cual me voy a dedicar el resto de mi vida, sea preso o libre, es darle forma a ese sentido de gobierno propio para poder decirle al Estado: “déjennos ser verdaderamente libres”.

 

#FelicianoLibreYa

 

Fotografías de: Ariel Arango y Berta Camprubí

 

 

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Visc a Corinto

Estic aquí, a l’altra banda de la tassa de cafè que et prens en un petit espai lliure dins la teva apretada agenda occidental. Ja fa mesos que creixen els fruits, vermells i grocs, ben enganxats a les branques dels milers i milers de mates plantades al nord del Cauca colombià. I amb les pluges d’abril ja han madurat prou perquè comencin les llargues jornades de recollida. Si la família nuclear no dóna l’abast, sovint perquè algunes de les seves membres estan ocupades tallant marihuana o bevent a la taverna del poble, s’avisa a les veïnes de la vereda de que poden venir a jornalear. Paguen a uns 400 pesos colombians el quilo: el que treballa de valent pot aconseguir uns 15.000 pesos per dia, aproximadament 5 euros. Una barra de pa costa 2.000 pesos i la gasolina ara està a uns 2.200 el litre.

Estic aquí, al primer esglaó de la cruel cadena que du la marihuana des de l’agricultor colombià fins a l’adolescent que es fuma el seu primer porro al callejón del barri. Cada cop que baixo al poble travesso amb la moto flaires d’aquesta herba tan rica però que tanta pobresa crea. I estic aquí, on la fulla sagrada dels pobles andins és prostituïda per elaborar una pols blanca que enfarina el nariu de tants empresaris al món i el tràfic de la qual crea un entremat sanguinari de relacions a escala mundial. Fins i tot arriba a ser difícil trobar fulla de coca torrada per mastegar en rituals espirituals; portar-la a les cuines de cocaïna cotitza molt més. I per acabar-ho de contaminar, algunes organitzacions, fins i tot d’entranyables voluntaris nord-americans, fumiguen les plantacions d’aquesta espècie mil·lenària amb glifosato. Per acabar amb el narcotràfic diuen. No dubteu mai de que Monsanto està darrere de tot gran negoci inhumà.
Visc a Corinto, al combatiu departament del Cauca, Colòmbia -poseu “Corinto Colòmbia” al google imatges per entendre’n l’essència. M’acull amb amor una família indígena, camperola. No tots els camperols es consideren indígenes, però gairebé la totalitat dels indígenes són camperols. Aquí, a les cinc del matí comença la jornada per a la mestressa que es lleva per començar a cuinar. Cap a les sis el senyor i els fills mengen un bon plat d’arròs amb llenties o fesols, patates i, quan n’hi ha, un tros de carn o peix de riu. I cap a la finca, amb la roba més apedaçada que tenen i botes d’aigua per avançar entre el fang. Segurament amb una ràdio penjada per entretenir-se mentre repeteixen la mateixa activitat durant hores. Collir cafè no té massa misteri, la complicació, a les serres on les comunitats indígenes s’han anat veient arraconades amb l’avançada dels terratinents, és treballar en pendent. Equilibris per anar recollint fruits, plogui o bulli el sol sobre els seus caps. De tant en tant potser parin i es donin el plaer de menjar-se una guama, una guaiaba o alguna altra fruita fresca que recullin de l’arbre que els fa ombra.

Més tard o l’endemà passaran els fruits de cafè per la moledora perquè en surti la pellofa, el netejaran perquè romangui només el gra i el deixaran eixugar al sol, removent-lo cada poques hores i tapant-lo cada vegada que plou. Això cada dia durant la temporada de cafè. Quan sigui la temporada de coca ja us explicaré com és. Són els dos cultius més comuns per aquesta zona juntament amb la marihuana. Sembra, cuida i recull. Tota la vida. Als 65 anys i amb un somriure a la cara l’amo i senyor de la caseta de canya i fang, Don Maximino, m’assegura que d’això es tracta la vida i que ell morirà treballant. Perquè després diguin que els indígenes són uns mandrosos. Quan es pot, perquè hi ha temps, diners pel transport, i no plou, es baixa al poble a fer la remesa del mes; arròs, sal, panela, oli. Poca cosa perquè la major part del que necessiten encara ho poden extreure de la terra pròpia. Qui sap si per massa temps: les grans mineres ja tenen permisos per explorar aquest territori, extremadament ric en minerals. I ja se sap que d’explorar a explotar hi van un parell de lletres. Elles, el narcotràfic, el conflicte armat i la lògica extractivista neoliberal han anat reduint aquestes comunitats que sempre s’han mantingut en peu de guerra i que continuen resistint. Ara bé, les víctimes mortals són setmanals sinó diàries.

Són cinc, set, nou germanes. Sovint repartides pel país; potser no es veuen durant anys. I per més que visquin sota el mateix sostre de vegades no saben res les unes de les altres. La centenària tradició d’opressió colonial i estatal ha deixat una trista herència de resignació al treball i manca de salut emocional, almenys en l’àmbit familiar. Afortunadament a nivell col·lectiu i comunitari s’ha construït una forta tradició de lluita, resistència i alegre rebeldía per combatre-ho tot plegat. Però no, sovint no hi ha massa comunicació, i menys mostres d’efecte entre les familiars. Per exemple, no saben ben bé si no celebren els aniversaris o el Nadal perquè no són costums culturals pròpies o perquè no hi ha ni hi ha hagut recursos ni esperit de celebració per fer-ho. El cas és que tampoc celebren els solsticis o altres festes originàries. Darrerament a través de l’organització indígena regional s’estan recuperant rituals importants que s’havien perdut socialment però no espiritualment. Cada mes d’agost se celebra a alguna de les reserves indígenes del nord del Cauca el Saakhelu, ritual de pagament a Uma Kiwe, la Mare Terra.

Així que hi ha molta mobilitat poblacional, i l’origen és la precarietat laboral –o vital- de manera que en podem dir desplaçaments forçats, que se sumen als milers de desplaçaments forçats comptabilitzats oficialment a causa del conflicte armat colombià. Indígenes, afrodescendents i descendents d’europeus en una nació mesclada i barrejada a la força històricament i geogràficament, en el temps i en l’espai. I en l’àmbit agrari, quan no hi ha feina a una banda les camperoles se’n van cap a una altra, a hores de distància. I si en aquesta altra banda, un jove agricultor, té una bona ratxa perquè puja el preu de la coca, hi coneix una pubilla per casar, hi troba una terra econòmica i hi cria una descendència, ja tenim a nuclis familiars que es van disgregant.

I passen els anys i un dia un dels fills se’n va a conèixer els seus avis, àvies, tiets i tietes, a les terres d’on un dia llunyà el seu pare va marxar. I en aquestes terres originàries ell es converteix en un familiar que ve de lluny, al que potser ja havien vist un parell de cops de petit o tan sols en fotografies. I arriba sense avisar, potser perquè no ha tingut com; no té números de telèfon o no té telèfon. O potser perquè no ha volgut; perquè si avisa qui sap si els familiars es donaran la molèstia de fer la cuina –de canya i zinc- més gran, de matar una vaca o de comprar una flassada nova. I en arribar cal reconèixer-se; “Sí, el meu pare és el germà del teu pare”, “Ah, tu ets el més petit?” “No, sóc el del mig, darrere meu n’hi ha dos més encara!”, i converses per l’estil. I mataran una gallina per fer-li honors a la visita i ell reconeixerà la manera semblant de cuinar, o d’ordenar la llenya o de teixir la xarxa de pescar del seu pare en la dels seus tiets.

I una de les primeres coses a preguntar-se serà: “I com està la família, estan tots vius?”.

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