Desde el cielo de Lesbos

Desde el cielo de Lesbos.

Una sencilla isla del mar Egeo a la que, en este momento de la historia, le tocó ser compleja. Territorio hermoso convertido en territorio frontera.

 

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Una horrible línia roja se dibuja en medio del mar pero solo los que la cruzan en precarias embarcaciones, miles de personas cada semana, la pueden ver y sentir. Esa línia, es la línia del No Ser. A la izquierda, Turquia, Siria, Iran, Iraq, Palestina, Afganistan, Kurdistan, los que No Son. A la derecha, Grecia, Alemania, Francia…Europa, los que Son. Los Nada, que decía Galeano, y los Todo: los que todo lo tienen, a costa del dolor y la muerte de los Nada.

En Lesbos, una vez cruzada la línia del No Ser, los Nada que llegan a Lesbos son ubicados provisionalmente en un no-lugar llamado Campo de Refugiados de Moria (en verde) mientras esperan a ser devueltos a su territorio. 20.000 Nadas conviven hoy en ese campo ninguneado donde habitan un mínimo de 6.000 niños y niñas Nada.

Millones de Nada intentan cruzar continuamente. Algunos -afortunados?- logran quedarse del lado del Ser pero seguiran siendo los Nada de occidente.

Otros de los que nada sabemos, quedan para siempre en la línia roja, intentando cruzar.

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La sanación inevitable

– Saakhelu weweeeeek!

Y a continuación gritos y silbidos de júbilo y alegría a lo largo de la culebra que danza cargada de chicha y sonrisas. Mariela, que ya pensaba en ir a sentarse cansada de avanzar pasito a la izquierda pasito a la derecha, pendiente arriba pendiente abajo, sin saber su significado se anima con ese clamo colectivo y sigue danzando con renovada energía. A pesar de no conocerlos de nada, tener un mayor que anda tejiendo sombrero de palma delante y una guardia indígena detrás que le pasa la calabaza llena de chicha a cada ratito, la hacen sentir en paz. Siente que hace parte de algo. Y hace tiempo que en su interior hay solo guerra. Y no sabe reconocer si en alguna ocasión se había sentido parte de un algo así antes.

Después de un largo periodo de oscuridad y de sufrimiento, de un camino lleno de espinas, después de caer en lo que ella siente fue lo más bajo, algunas lunas atrás empezó a subir escalones. Al mediodía se ha enamorado de una jigra con una chacana de 13 niveles. Mariela se ve en esa jigra, siente de pronto que ya está subida en el segundo escalón. Lleva una temporada rodeándose de más amor, de más luz. Pero en el Resguardo de Cerrotijeras ya está oscureciendo y la culebra de cientos de cabezas va enrollándose en espiral alrededor de la saakhelu cubierta en chicha, chaguasgua, chirrincho y hoja de coca.

La luna llena, majestuosa, asoma detrás de una loma, entre dos nubes. Algunas comuneras aúllan dándole la bienvenida. Cuando la quena y el tambor dan su último retumbar, chontas y manos arriba direccionando sus deseos, su gratitud y su reverencia al árbol ofrendado, Mariela se deja llevar, cierra los ojos y se entrega. Se entrega a la fuerte energía compartida que contagia el espacio y el momento y siente como una raíz conecta el árbol, a través de la tierra, a su corazón. Y de la conexión nace el lloro.

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Poco a poco la comunidad va abandonando el espacio central, Mariela encuentra el abrazo de un ser querido, y enseguida, llamado por la tierra misma que pisan el ser carente y el que puede y sabe ofrecer, aparece un the wala de territorio corinteño. Al intentar poner en palabras el dolor que la danza y el ritual han sabido convertir en lágrimas, el lloro se convierte en ansiedad y en un nudo en la garganta que atrapalla la respiración. Sin hablar pues, sino comunicándose a través de todos sus otros medios, el the wala comprende y se dispone a dar su gesto y su palabra de armonización. Hay mucho trabajo por hacer, sin duda. Mariela lo sabe.

Las palabras del mayor penetran en su ser, y después de agradecer su atención logra sentarse y respirar. Pasado un rato, ya más tranquila dando un paseo, observando la comunidad nasa que siempre ha tenido cerca pero que nunca se ha parado a conocer o a reconocer, acaba sentada en un parche de gente diversa que toma chicha y conversa al lado de la tulpa. Un hombre anda hablando de su experiencia con los cultivos de coca, defendiendo el uso ilícito que él mismo le da, justificando el negocio del narcotráfico… Ella, que esta noche lo siento todo a flor de piel, no puede evitarlo:

– Ese negocio, eso que usted hace, es malo – no encuentra una manera más clara de decírselo.

– Porqué, mami? – el hombre queda sorprendido de la emoción con la que Mariela habla.

– Porqué… porqué sí. Como se lo digo? Porque daña a la gente, porque provoca dolor. – Ya se le mojaron los ojos, pero aguanta el tono de voz, pasible, intenso.

– Pero mami, ese es mi sustento, el sustento para mis tres hijas.

– Sí, pero es malo, y es malo para ellas también. Vea, – los ojos de Mariela, bien abiertos e inundados, miran directamente los ojos del hombre – yo le hablo des de la experiencia, yo he sido consumidora desde los 15 años, y le aseguro que eso me ha destrozado la vida. – En algún momento Mariela ha tendido su mano derecha hacia adelante y el hombre se la ha cogido sin vacilo.

La conexión, que personifica, con el fuego en medio de la tulpa de testimonio, los dos extremos más opuestos del oscuro negocio que maltrata la Tierra y sus Pueblos, cobra una fuerza estremecedora, y la decena de compañeras y compañeros que tomaban chicha y chirrincho distraídamente alrededor, caen en cuenta de la severidad del momento y hacen silencio. Uno de ellos, un bello y sabio nasa del territorio de La Concepción, escucha con atención cada palabra, analiza cada respiro. La conversación continua intensificándose en espiral, entrando al sentir más íntimo de cada uno, llegando a sus experiencias personales vitales, a sus desarmonías familiares estructurales, a los motivos que los llevaron a cometer sus acciones. Dos seres que acaban de conocerse y que abren, sin esperárselo, su alma y su sentir al extraño, al diferente, al opuesto incluso. Es quizás un encuentro astral e inevitable, no por casualidad están alrededor de la tulpa. Están sanando.

– Yo no tuve padres, no tuve ningún apoyo, todo lo que logré lo logré con este negocio, y fui escalando, tuve que hacer algunas cosas no tan buenas, pero no quiero lo mismo que yo tuve para mis hijas, quiero que tengan lo que ellas merecen. – se defiende el hombre.

Viendo la emoción de Mariela, una compañera interfiere:

– Usted se da cuenta, que ella podría ser su hija? Imagínese de hecho, por un momento, que ella es su hija. – El hombre queda sin palabras.

– Entre usted y ella, –sigue la compañera, señalando sus brazos y sus manos, aun entrelazados – entre la actividad que usted hace y la que ella ha estado haciendo durante muchos años, existen una panda de seres malvados y avariciosos que se enriquecen a costa de sus miserias, a costa de su dolor.

Los ojos del joven reflejan reflexión. Los ojos de Mariela denuncian cansancio; el dolor está demasiado expuesto. Pronto pasan por allá unas amigas que la invitan a descansar, pero de camino al cambuche aun les espera otro encuentro. Un grupito de tres the wala están hablando suavecito en medio del camino mientras fuman un tabaco. Al acercárseles Mariela, uno de ellos le pregunta, “usted está enferma, es cierto?”. Mariela afirma con la cabeza, un poco atónita. Empieza a sentir una clara intención de este territorio y de este espacio espiritual de removerla, una intención de ayudarla a sanar, de indicarle un camino. El mayor le repetirá, incansablemente, que debe quererse, que debe valorarse, que es un ser hermoso. Mariela, que está que se deshace de la intensidad de la noche, cae en un lloro y un abrazo encima del mayor que la recibe con fuerza. Con el amor de unas y de otras, y habiendo lanzado un mensaje importante, la joven caucana, que por primera vez acude y experimenta con toda su fuerza un ritual mayor del pueblo nasa, descansa esa noche sintiendo, que ha subido un escalón más de su jigrita.

Mientras, el bello y sabio nasa del resguardo de La Concepción, permanece al lado de la tulpa, conversando y armonizando con un hombre que, deseablemente, después de ésta noche tomará quizás la decisión consciente de cambiar de rumbo, de trabajar con energías que no dañen su propio camino y el de otros seres.

 

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Sueños e interrogantes desde una tierra llamada Corinto

¿Cómo sería todo esto antes? ¿Qué animales debían habitar estas selvas andinas? Cómo serían sus senderos naturales entre tan densa verditud? Guadua, llarumo, paloceniza, higuerón, floramarilla, guamo, pacunga, amorseca, elecho, prontoalivio, todo tipo de bejucos innombrables… Guagua, chucha, ardilla, coatín, culebra, chimbilaco, armadillo, cuy, colibrí, azulito, torcaza, aguilucho… ¿Cuánta vida más habría? ¿Y las apacibles llamas y los severos pumas? Siento su desidia y la de estos bosques al haberse visto amenazados y arrinconados hacia otras partes. ¿Cuántas formas de hojas en el viento, cuántos tipos de huellas en la tierra aniquilaron con la barbarie? ¿Cuántas especies serán invasoras o traídas a estas tierras y qué efectos tendrá su llegada? De los ejércitos anoréxicos de pino y eucaliptus no existe duda, y del ganado deforestador tampoco, pero ¿y la gallina?, ¿y el caballo? ¿Cómo habrán transformado este territorio y sus gentes?

¿Cómo se vería el valle de este río majestuoso llamado Cauca antes de estar inundado del esclavizante monocultivo de caña? ¿Antes de ser visto solo como una provechosa extensión de Tierra plana y fértil? ¿Qué forma tendrían las aldeas de los Pueblos que lo habitaban? Imagino espirales y círculos e imagino los fueguitos de Galeano humeando en todo el valle. Ahora son cuadrados y rectángulos de varias hectáreas los que echan humo durante horas para producir comida para carros. Nuevos usos amargos para el abuelo Fuego. Y, ¿cómo serían los tributos que hacían a todos estos ojos de Agua a mi alrededor? ¿Cuánto les debe pesar a estas nacientes, las que sobreviven cautivas dentro de más rectángulos ficticios de algo que quieren llamar propiedad privada, ser hoy el motivo de disputa entre vecinos o entre comunidades y multinacionales?

Cultius de coca a Corinto Cauca - Berta Camprubí

¿Es la contaminación de las ciudades la que no me deja ver, desde la cordillera central, la cordillera de enfrente, la que tiene a sus pies el enorme océano, o es una neblina autóctona? En realidad, si miro cuando sale el Sol sí alcanzo a verla, y parece que esté aquí al ladito namás. Sueño como ancestros del pueblo nasa caminan todo esto sin provisión ni calendario. Pienso que si hoy arrancara desde acá, desde las montañas de una tierra que han llamado Corinto, con ganas de alcanzar ese océano que trae aguas desde Asia, me vería obligada a saltar cercos, correr de terratenientes armados, y caminar entre quilómetros y quilómetros de prisiones de caña sin una sombra. O me vería acorralada a caminar sobre el asfalto de la carretera, claro. ¿Cómo habría sido solo andar, recolectando frutos, semillas y aprendizajes, guiada por la Luna y las Estrellas y enfrentar solo obstáculos que la misma Naturaleza coloca en el camino?

La cultura occidental, con su manía de etiquetar y adiestrar todo lo que piensa que existe -afortunadamente mucho de lo que existe en este bello continente, ella no lo ve, no lo siente- se convirtió en victimaria de antiguos usos y costumbres. Ella, más allá de matar, quiso darle a cada concepto, a cada material, a cada elemento de esta Tierra, una función diferente, impuesta. No lo logró por completo, sin embargo. Existe un ejemplo que nos duele. Una mata, poderosa y sagrada para los de aquí, a la que los de allá han otorgado algunas de las peores funciones y consecuencias: adicción, avaricia, egoísmo, desperdicio, contaminación. La Coca andina, amazónica, dulce, amarga, nutritiva, milagrosa. Las montañas que piso y su fuerza ancestral mantienen un pulso apretado con esos desafortunados destinos que el hombre blanco le dió. La energía que desprenden laboratorios en los que se mezclan gasolina, ácidos y otros tóxicos con la hoja que pierde su sacralidad al ser rociada y reducida con químicos, pesa en la esencia de las comunidades de seres vivos de su alrededor.

Los compradores la estan pagando a 30.000 pesos colombianos -unos 10 euros- la arroba de hoja.JPG

Desharmonía en los territorios, en las veredas, en las familias, dinero manchado de sangre que llena barrigas de arroz y fríjol. Olores oscuros y pegajosos que llegan a la nariz de una niña subida al árbol alcanzando una guama. Aguas sucias que llegan al río en el que nos bañamos con placer. Contradicciones. Como el honesto concejal que desde una alcaldía pelea por sustituir y erradicar el venenoso uso de esos cultivos mientras en su casa, su mujer regenta una tiendita en la que vende a los vecinos los ácidos necesarios para transformar la hoja sagrada en mercancía. Como el indio que sigue en su justa lucha por volver al territorio ancestral mientras en la media hectárea que ya ha logrado se ve obligado a sembrar el daño traído por los que despojaron de tierra a sus abuelos. Contradicciones de las que quizás no podemos encontrar culpables en el mundo tangible. ¿Quizás por eso duelen tanto?

Preguntas y preguntas que le hago al Aire mientras ando por acá Y tranquila, me digo, que las energías igual que vienen se van, y cuando no hay nada de nativo en ellas, cuando no han sabido echar raíz en el sentir de la Tierra, se van para siempre. Las que nunca se han ido y siguen en la brisa, en el trueno, en una brasa, en una inmensa roca sumergida en el río, en una pluma que bailotea en lo alto del nevado y en la más diminuta gota de agua reposada encima de una hoja, esas energías componen la sabiduría, la conciencia y la esencia de otros tiempos que son estos mismos, de otros pueblos que son estos mismos y de otra manera de vivir, mirar y sentir que dista mucho de la que han querido imponernos.

 

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El misterio de Los Awkas

“Había un señor que se llamó Roque Mutumbajoy. Él era completamente diferente a nosotros, los rasgos físicos de él, tenía unas orejas muy grandotas, la nariz de él era totalmente diferente y tenía unos rotos, unos huecos por aquí en el tabique y plumas de guacamayo travesadas en las orejas, no porque fuera médico tradicional sino que así era la cultura de él. Él contaba que la mama de él era una Awka, de la tribu de los Andaquíes. Él contaba que desde aquí, él caminaba un día adentro de la montaña. Él nos decía que arriba en la cordillera hay una parte en la que hay como unas piñas, que ese es el límite, de ahí pa’allá es territorio del pueblo Awka.

Entonces dice que llegaba allá, se sacaba la ropa y totalEl Arco Iris asomando en Mandiyaco - Portada.JPGmente desnudo ingresaba allá. Y él decía que tenía una señal que él hacía, que él silbaba, un silbo diferente que él sabía, y en ese entonces ya venían al encuentro de él. Y que como él iba sudado, lo primero que hacían era que lo cogían y lo lamían, todo el cuerpo, porque el sudor es salado. Y lo llevaban, i que p’allá se quedaba unos cuatro, cinco, seis meses y que cuando él regresaba, donde dejaba la cusma, la ropa de él, ya lo encontraba era dañado porque los come-genes y las hormigas se lo habían comido y entonces él se tapaba con una hojita y llegaba hasta la casa. Entonces él sabía decir que allá existía este pueblo indígena nativo que está en la cabecera del río Mandiyaco, que ellos existen, que los Awkas viven.

Entonces a nuestros abuelos, a nuestros mayores, siempre les gustaba que fuéramos a cacería. Y entonces nos decían “si van allá, si sienten que está la tribu, no se asusten sino sáquense la ropa, desnudos, desnudos porque si ustedes no se desnudan ellos se los comen, se vuelven carne para ellos, ellos son caníbales”. Incluso la dentadura de él –de Roque Mutumbajoy- era toda rara, parece que tenía más colmillos. Y entonces, con todo eso, nosotros hicimos un recorrido con mis hermanos, fuimos a cacería y creo que llegamos a esos lados que decía el mayor.

Pasamos una cantidad de piñas que había por allá en la montaña y allá encontramos una huella de un indio y las palmas estaban abiertas así –por la mitad- y cuando íbamos más profundizando en eso… empezó a tronar. Esas peñas, porque era como un valle que se miraba y había peña por un lado y peña por otro lado, y empezó a tronar y esas peñas parecía que se encontraban y parece que iban a reventarse. Entonces, mi finado papá y los mayores que iban con nosotros dijeron “regresemos porque esto son los Awkas, son la gente tribu que está haciendo tempestad para cogernos”. Y nosotros los muchachos era ¡corre! Y los mayores corrían muchísimos, eso íbamos ¡corre, corre!, parecía que ya los árboles se empezaron a quebrar, como un huracán empezó. Y dijeron “tenemos que cruzar el territorio de ellos, de lo contrario acá nos agarran”. Logramos cruzar todo eso, salimos de esas piñas y llegamos a la otra cordillera que había y vimos que la tempestad quedó para ese otro lado y nosotros nos libramos ya y así es que comprobamos. Nosotros hemos dicho que realmente existe para allá esa tribu.Las mayoras inga con su atuendo

Esto fue hace 16, 17, 18 años. Después de eso vino a tomar yagé Taita Kerubin y llegó y nos dijo “atrás de cordillera mirando gente Awka, habiendo tribu. Allá dejando quieto ellos” dijo, “sino queriendo hacerse comer ustedes, dejen territorio de ellos de ellos, dejen quieto, conserven eso allá”. Así nos dijo el mayor a nosotros, y nosotros desde ese entonces no volvimos a irnos a meternos. Salimos es hasta buena parte, pero para allá no nos hemos venido a meter nuevamente. Y ahoritica, por allá eso quedo Parque Serranía de los Churumbelos Awkawasy, por eso se llama Awkawasy porque es la casa de los Aucas, si?”

 

Héctor Fabián Garreta Jansasoy, líder indígena inga del Resguardo Inga Mandiyaco, Cauca-Putumayo.

Algo más de lo que occidente ha sabido del Pueblo Andaquí y los Awkas

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Barro

El camino está embarrado. Así lo siente una desde que, al nacer, le ponen un nombre, -y tambien un número- y empiezan a contar, con un sistema numérico que se reivindica universal, partiendo desde 0. La hegemonía occidental ya casi logró que estas dos condiciones existan en todo el mundo. Por suerte aun hay resistencias. Pueblos que no diferencian un lunes de un martes y que le dan más valor al espacio –al presente- que al tiempo. En cualquier caso, en la vida de un ser vulgar y común la embarrada sigue cuando no existe más remedio que ingresar a ese espacio donde los niños pasan la mayor parte de su tiempo –del tiempo en que no están en la mayor de las libertades: en sueños- y que marcará, en casi todos los casos, unos patrones a seguir estrictamente. Ingresan a la escuela, la primera gran e inamovible piedra.

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Pero des de que una chispa natural, una capacidad lúcida e indescriptible que por llamarla de alguna manera llaman de Consciencia, empieza a iluminar con luz propia el camino, emergen de entre el barro nuevas piedras, troncos y otras múltiples posibilidades en las que apoyarse, a través de las que saltar y así lograr el anhelado movimiento. A veces se logra un ritmo ligero porque esas posibilidades aparecen juntitas, una detrás de la otra, sin mayores dificultades, sin vacíos interminables, sin espacio para la duda. En esos casos solo hay que pararle atención a no estar, en realidad, pisando encima las huellas de otra, cayendo en lo cómodo y fácil, resiguiendo el camino que alguien ya trazó: toca asegurarse de que se está construyendo el camino propio, el auténtico.

A veces las piedras están más alejadas las unas de las otras, algunas resbalan, otras son afiladas. A veces un tronco, al pisarlo, se hunde, o presionando con tu pié uno de sus extremos se levanta el otro golpeándote la rodilla. Todos obstáculos que se convierten en aprendizaje. Porque, encontrando el equilibrio y la armonía del camino, antes de tropezar, resbalar, pincharte o hundirte definitivamente, aparece un nuevo apoyo, otra opción en la y por la que seguir transformando y transformándote.

Otras veces hay dos, tres y cuatro opciones a tu alcance, todas posibles caminos, ninguna de entrada descartable. Te llega a invadir la incertidumbre: cuál será la que guarde más posibilidades de conocimiento, experiencia, aventura? Cuál de todas ellas será la que abra luego más puertas? Para la que se deja llevar en armonía por impulsos y emociones –y de vez en cuando una que otra razón- debe aparecer deseablemente ese instinto inherente, esa claridad repentina o esa señal del universo que permita no tener que tomar decisiones forzadas sino dejar que toda fluya.

Pero la armonía también tiene altibajos. A veces no encuentras manera de dar un paso más: quizás sea necesario mirar alrededor y una misma recoger y colocar, en la dirección por la que se quiera continuar, las piedras y troncos que alcances desde el lugar donde te atrancaste. Quién sabe, tal vez toque pedir ayuda a una amistad, a un amor, a una compañera de lucha, para poder seguir.

Pero qué hacer cuando realmente, en tiempos de turbulencias sociales, de circunstancias adversas, de emociones revueltas, una se encuentra parada mirando a todos lados y no encuentra por donde seguir, a donde subirse, donde apoyarse? Qué hacer? Esperar en el lugar para que tal vez el barro se seque y puedas seguir el camino despreocupada? Esperar para que quizás una tormenta lo inunde todo y el tronco en el que ahora flotas te lleve navegando hasta la orilla más próxima? Esperar para que, ojalá, algún ave te agarre con sus garras y te lleve volando hasta su nido para allí ser alimentada y protegida? Qué hacer cuando se acercan más que nunca esos patrones que la escuela incrustó des de la raíz en tu ser y que has intentado esquivar desde que la chispa de consciencia iluminó el camino propio? Cuando se avistan botes salvavidas llamados “empleo”, “comodidades”, “beca de estudios” siendo que la aventura en la que quieres seguir no incluye ninguna de esas opciones?

Tal vez, la mejor opción ahí, sea seguir descalza: embarrarse para hacer del camino una realidad amoldada a tu modo de vivir. Siempre seguir en la aventura.

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De Piendamó a Popayán: “La guerrilla es el dios del pueblo”

Un camión de los viejos y achatarrados para en la panamericana, cerca de Piendamó. Trigueño y ya arrugado, de unos 56 años, el camionero tiene mucho que expresar:

La guerrilla es el Dios del pueblo, la guerrilla ha hecho mucho por los pobres!

Y qué ha cambiado ahora que teóricamente ya no está?

Reina, ahora ya nos tiene marcados el hijueputa[1] ese en muchas cosas vea: imagínese estos carros, cuando los vendieron podían cargar todo lo que quisieran, tipo 6 o 7 o más toneladas y ahora, con el hijueputa, pusieron básculas en la carretera para ponerlo a cargar sino 4 toneladas para ganar más plata con peajes y que le entren más multas al hijueputa. Y no solo eso: yo tengo una finca, el impuesto predial era 180 o 200 mil pesos anual ahora estoy pagando 500 mil. A lo último nos tocará regalarle todo al hijueputa, pues.

Y cuando estaba la guerrilla no era así?

La guerrilla estaba pendiente y p’allá no iba nadie a mariquear[2]! La guerrilla al pobre nos hace mucha falta… paqué!

Entonces los votará cuando sean un partido político?

Claro mi hija, ojala Timochenko y todos esos vayan trasteando por ahí y vayan consiguiendo altos cargos políticos, así toque pelear con los gran hijueputa de allá[3] pero que haya alguien allá dentro ya. Ellos tienen que entrar suave… (pasa una ambulancia rozando) …Esa hijueputa ambulancia si se arrimó feo no? gonorrea hijueputa, a esos toca sacarles el culo… Entonces qué le digo? Ojala ellos se metan allá…allá donde está ese poco de bandidos hijueputas

Al congreso?

Al congreso y que cuando ya sean algo de ley comiencen a atacar y a defendernos a nosotros, porque esque ellos no pueden dejarnos votados a nosotros los pobres!

Entrar suave, como?

Así como le hizo Santos a Uribe pues. Santos entró como un títere de Uribe y cuando ya el hijueputa estuvo allá, ya se le salió de las manos. Ojalá la guerrilla haga así, así mismo quedemos todos guerrilleros, pero que gane la guerrilla!

Allá en El Tambo, Cauca, muchos piensan así?

P’allá todo somos casi guerrilleros! Oiga, a lo bien niña, yo no he empuñado un fusil, no lo he hecho, pero yo con esa gente hemos tomado agua ardiente, hemos comido, de todo! Este carro lo tengo gracias a ellos que me colaboraron…dicen que ellos son muy malos pero son malos con quien tiene que ser. Esa gente no es mala. Es como el gobierno que son malos (pasamos al lado de una camioneta de la policía) o estos sapos, estos hijueputa porquerías, estos son ladrones uniformados, ellos si son malos.

Tal vez lo que lo ha embarrado un poco es que la guerrilla ha tenido que financiarse a través del narcotráfico?

Si reina, pero es que usted cree que el gobierno no está en eso también? Ese es el más bandido, ladrones! Todas las millonadas que mandan de otros países para la paz? Pa’l bolsillo de ellos! Ahora han mandado plata para la erradicación –de cultivos ilícitos-: eso se convierte en chalets a la orilla del mar, en cruceros, en cosas finísimas, mami. Esos ladrones…

 

Este camionero, original de El Tambo, Cauca, zona bien golpeada por la guerra en Colombia, transporta desde hace unos 15 años alimentos por todo el territorio colombiano. En una época de vacas flacas decidió colocar escondidas entre la carga de papas algunas arrobas de marihuana para poder ganar una plata extra. Durante dos o tres años estuvo parando en Corinto, Cauca, en su camino a Medellín. Hasta que un día lo paró la policía, como de costumbre, pero esta vez le revisaron bien la carga. Eran cuatro tombos, como dice. Por 12 arrobas -150 kg- de cannabis que cargaba acordaron que cada uno de los policías se llevara 1 millón de pesos -330 euros. Y así quedó arreglado el pequeño conflicto. Desde entonces sigue cargando en su camión toneladas de alimentos, del campo a la ciudad, y, frustrado y afectado directamente por la retirada de la guerrilla de la acción directa, tiene la esperanza puesta en que ésta llegue a gobernar para el pueblo colombiano y no para terratenientes y multinacionales.

 

[1] Se refiere al gobierno

[2] A joder

[3] Posiblemente se refiera a los norteamericanos

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El aborto clandestino, una condena para la mujer latinoamericana

Entre el 2010 y el 2014, más de 30 millones de mujeres latinoamericanas optaron por una interrupción voluntaria del embarazo. Ya sea por carencia de información o métodos de anticoncepción, por pertenecer a culturas poco propensas a la planificación familiar o por consecuencia de violaciones, el número de embarazos no deseados es muy elevado en el subcontinente y, según el Instituto Guttmacher, la cifra de mujeres que deciden abortar ha aumentado respecto a periodos anteriores. El 97% de aquellas que optan por hacerlo, viven en países donde esta práctica está restringida. Y en Chile, El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, República Dominicana y Suriname está totalmente prohibida, en algunos casos incluso perseguida y castigada con penas de hasta 30 años de prisión.

De acuerdo con los últimos datos publicados por el mismo instituto –con sede en Nueva York–, cada año mueren más de 22.000 mujeres en el mundo –de media– de resultas de abortos inseguros. El año 2009 la cifra llegó a 70.000 muertes. Son la clandestinidad, la criminalización y la estigmatización del aborto las que conducen muchas mujeres latinoamericanas a sufrir graves complicaciones de salud y la muerte. Uruguay, Cuba, la Guayana y Puerto Rico son los únicos países de la región, hasta ahora, que han legalizado totalmente el aborto durante el primer trimestre de embarazo. Aun así, esto no es garantía de un servicio de aborto público, seguro y gratuito.

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‘Giro a la izquierda’ poco efectivo

A pesar del llamado giro a la izquierda que han vivido buena parte de los países de América Latina desde los años 90 del siglo pasado, la situación legal del aborto se ha flexibilizado muy poco en una región muy influenciada por la Iglesia católica y sectores conservadores y dominada por unos poderes políticos y financieros que responden a la lógica neoliberal. Bolivia, por ejemplo, a pesar de haberse convertido en un Estado plurinacional con unas políticas sociales destacadas continúa condenando las mujeres que optan por interrumpir su embarazo a entre uno y tres años de prisión; excepto en casos de riesgo por la vida del bebé, por la salud de la madre o por violación, según una ley que no se revisa desde 1973. “Ante esta situación, los consultorios ilegales continúan obteniendo beneficio de mujeres de todas las edades. Detrás de los anuncios públicos de test de embarazo, se esconde un mercado negro que propaga la incertidumbre y el miedo”, explica Ruth Bautista, feminista de Paz.

Pionera en la América Latina en la legalización del matrimonio homosexual y el cambio de nombre para las transsexuals, la Argentina de los gobiernos kirchneristas se quedó atrás en materia de aborto. Según cifras oficiales, se producen cerca de 500.000 abortos clandestinos anuales en el país, 80.000 de los cuales finalizan con la hospitalización de las mujeres. Alemenos 100 de ellas pierde la vida durante el proceso. A pesar de que la ley contempla un aborto legal para las mismas tres causas mencionadas, según Belén Palomino, activista de la organización Socorro Rosa de la provincia de Salta: “Esta situación se da, pero ponen muchos palos a las ruedas, puesto que hay médicos que se declaran objetores de conciencia. Tenemos que luchar contra un sistema que está muy arraigado en el catolicismo y también contra médicos que no conocen el protocolo de la Interrupción Legal del Embarazo y no quieren ejercerlo”.

Contrastes en el Brasil

Con una situación parecida a la de Argentina, en el Brasil, muchas voces denuncian que la ley de interrupción del embarazo, de 1984, no facilita abortos legales y seguros. Una mujer que quiera hacerlo durante el primer trimestre del embarazo necesita certificados médicos, autorizaciones de jueces que constaten que la interesada realmente ha sido víctima de una violación y otros requisitos burocráticos que lo hacen casi imposible. Según la organización política Aos Fatos, por cada aborto legal que efectúan los centros de salud pública brasileños se atienden cien casos de post-aborto. “Una compañera de la universidad que había sido violada quedó en coma después de un aborto clandestino; cuando se despertó, descubrió que no había conseguido perder el hijo y la llevaban a prisión, donde posteriormente fue separada de él”, explica alarmada una estudiante de la Universidad Federal de Goiás.

“Yo quedé embarazada a los 21 años. Si hubiera querido abortar de manera segura, no lo hubiera conseguido y, si la tentativa de abortar me hubiera hecho acabar en un hospital, me habrían arrestado. Sólo la mujer rica puede abortar de manera segura”, testimonia Jordana Barbosa, estudiante de un doctorado en Antropología social en Sao Paulo y madre de un niño de siete años.

Aún así, el mes de noviembre pasado, en el Estado de Río de Janeiro, el Tribunal Supremo Federal brasileño dictó una sentencia que puede establecer una jurisprudencia importante: afirmaba que abortar durante el primer trimestre de embarazo no podía ser ilegal en ningún caso y alegaba que ningún país desarrollado –citaba Alemania y Francia– criminaliza el aborto durante la fase inicial de gestación.

Pinochet todavía manda en Chile

En Chile, se está a la espera de la aprobación de una reforma impulsada por Michelle Bachelet a finales de su segundo mandato, que tendría que regular las tres causas para abortar de manera legal. Mientras tanto, pero, impera una ley aprobada por Augusto Pinochet en 1990 que prohíbe el aborto en cualquier caso.

Aun así, la psicóloga chilena Tània Hevia explica que “hay muchas mujeres organizadas para generar instancias de educación sexual y aborto seguro y por visibilitzar alternativas y hacernos un lugar en el ámbito social”. Y añade: “Muchas compañeras han abortado con médicos que vienen a casa y cobran la voluntad y ahora está en marcha la campaña Miso pa’ todas”. El eslogan hace referencia al Misoprostol, un medicamento de uso obstétrico –aprobado y aconsejado por la Organización Mundial de la Salud– que facilita el aborto. El fármaco es bien conocido en la mayoría de países del América Latina y, a pesar de que no queda claro que se trate de la opción más segura, sin duda es mejor que la muerte. “Chile continúa siendo un país conservador y católico”, sentencia Hevia.

El caso salvaje de El Salvador

La Fundación Calala Fondo de Mujeres, que trabaja con colectivos de mujeres de la América Central y el Estado español, ha lanzado la campaña Que el ganchillo deje de ser Cosa de Mujeres para denunciar la grave situación de las mujeres que deciden abortar en El Salvador, Honduras y Nicaragua. Maria Palomares, directora de Calala, asegura que, cuando se habla de aborto en América Central, “la situación es de retroceso”. “En muchos casos, antes había un derecho o al menos no estaba prohibido. Pero, los últimos años, se ha extendido la prohibición porque los gobiernos han empezado a legislar guiados por lobbies conservadores y religiosos. El Opus Dei está metido en varios gobiernos”, concluye.

“Hay casos de mujeres que han llegado con un aborto natural al centro de salud y el médico no ha querido ni tocarlas, las ha denunciado a la policía y se las han llevado a la cárcel”, explica Palomares. Efectivamente, si durante los últimos veinte años ha habido aproximadamente veinte países que han liberalizado la normativa relativa al aborto, El Salvador y Nicaragua –así como Polonia– la han endurecido. Con la antigua guerrilla del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) al gobierno, El Salvador es el único país donde las autoridades detienen mujeres regularmente bajo la acusación de interrupción deliberada, por la cual pueden llegar a cumplir condenas de 30 años de prisión por “homicidio agravado”. Actualmente, algunos diputados han propuesto despenalizar el aborto, pero parece que esta posibilidad todavía tendrá que recorrer un camino muy largo.


Infografia de PAU FABREGAT

Colonialismo e intereses corporativos

Yendo al origen de esta tierra, existen pueblos indígenas en todo América que, siguiendo tradiciones posiblemente milenarias y a menudo desconociendo la legislación nacional, continúan usando plantas –sobre todo raíces– tanto para regular la fertilidad como para abortar cuando lo consideran necesario. En su libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaría, la escritora italiana Silvia Federici apunta a los orígenes de la criminalización del aborto en el continente: “A partir de la asociación entre anticoncepción, aborto y brujería, los crímenes reproductivos pasaron a ocupar un lugar prominente a los juicios coloniales”.

Y las entrevistadas en este reportaje señalan que la causa de esta legislación lesiva hacia el derecho al aborto no sólo es el sistema de valores coloniales, católicos y patriarcales, sino también los intereses de las grandes corporaciones propietarias de clínicas médicas que de ella se benefician. Quizás por eso, asegura la activista boliviana Ruth Bautista, “La despenalización del aborto genera señalamientos y persecuciones entre pasillos y las mujeres continuamos sufriendo, muriendo y pariendo en las peores condiciones”.

Articulo publicado originalmente en La Directa 424

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De la vida raspachina y sus alternativas

Viste pantalón largo, camisa de manga larga, botas y un trapo debajo la gorra: el calor no es peor que los moscos. Con cintas de alguna camiseta vieja que, evitando que lo hagan sus dedos acabaran rasgadas y desgastadas, se enrolla cada dedo índice. Lleva el coco en el que irá depositando las infinitas hojas de coca y una estopa donde ir acumulando, libra tras libra, el fruto de su trabajo. Lleva también una jigra con el aparatito radio, gato –desayuno y almuerzo  que preparó su mujer madrugona presa del fogón de leña y el humo- y un tarro con agua panela. A las cinco y media ya raspa.

Hacia las cuatro y media o cinco de la tarde llega al rancho con ese costal pesado. Su mujer, como siempre, le tiene preparada una limonada fresca. Cogió 20 quilogramos. A 1.000 pesos el quilo ese día se ganó 20.000 pesos, 6.70 euros. En unas 11 horas de trabajo. “Apenas para la comidita da, ahora que los pelaitos empiezan curso, no hay con qué pagar el material escolar, toca ponerse a vender empanadas”, comenta con su mujer mientras se saca la mugre de los ojos.

Cuando su finca, seguramente de menos de una hectárea o de 10.000 matas de coca, esté íntegramente raspada y vendida toda la hoja a algún otro agricultor que ha decidido aproximarse un poco más al negocio del narcotráfico y sumergirse en el mundo de los laboratorios químicos, tendrá que ir a jornalear para otros. La misma cosa con una caminata, más o menos larga, de mañana y de tarde. Uno de estos días, raspando y raspando, recuerda sus 13 años en Cali, cuando podía llegar a tener aparte 12 y 13 millones de pesos, unos 4.300 euros, una fortuna.

Hacia las ocho y media, mientras sentados en el suelo desayunan su arroz con fríjol y plátano frito, otro trabajador le pregunta:

– Como hizo para entrar a trabajar en la olla?

– Por la suegra, que hasta ahora vende! Empezó con que si podía conseguirle 100 gramitos de acá de la vereda, luego que media libra y así a lo último ya me fui para allá, comencé de trabajador y luego alquilé un local en la olla, ahí en El Calvario, y monté una chatarrería y vendía de hasta tres libras por semana, a 6.000 pesos el gramo. Mucha ganancia, eso era como millón por semana.

– Peligroso, no?

– Uh, cuando me devolví yo quedé más endeudado… debo como 8 millones! Cogieron a un muchacho que llevaba la mercancía y tuve que pagar la mercancía y la moto, además algunos de mis vendedores eran viciosos y se consumían la mercancía y había que pagar impuesto a los tombos, que eran tres turnos distintos, eso eran 600.000 mensuales.

– Como le llegó la policía?

– Llegaron a requisar: “qué, esto como que no solo es chatarrería, usted como que vende basuquito, no?”, “requísenme”, les dije, y a mí no me encontraron nada sino que ellos ya sabían: “usted vende con los papelitos de tal color, que yo le compré a uno que trabaja con usted… sabe qué puede hacer para que no contemos nada? Nos paga 200.000 cada mes”. Luego vienen bandas de la zona conocidas y te cobran vacuna.

– Le amenazaban sino?

– Esos sí, esos te presionan, le dicen a uno “nosotros trabajamos así, colabórenos o sino no podrá trabajar o usted verá, trabaje para nosotros, vamos a trabajar”, no, eso se volvió pero un lío…

– Aquí uno si trabaja tranquilo por lo menos, con el sonido de los pajaritos…

– Uh, pero esto es duro. Pa’ la comidita da, pero ahora que los pelaitos empiezan curso, a mí me toca pagarles los libros, el grande que lo tengo en Cali, estudiando en un barrio sano, quedé de colaborarle con 150.000 al mes, la matricula es a partir de mañana y no hay con qué. Yo quisiera que ellos fueran más sanos.

– Bueno, por ahí irse a la ciudad a vender le dio más plata pero tuvo buena suerte porque no le pasó nada. Uno lo piensa pero cualquiera no se va a la olla sino conocer a alguien, allá le pelan a uno.

Y vuelven y siguen raspando.

“Soy el raspachin de los cocaleros

y vivo mi vida, vivo vivo bueno.

Voy de finca en finca toriando avisperos

de esos que se encuentran en los cocaleros

raspando y raspando me gano el dinero

hay que tener cuidado vivo entre los fuegos”

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Ir a dedo para (nunca) comprender este país

Me levanto en Taganga, Magdalena, la idea es llegar a Curumaní, Cesar:

1. Me levanta un camión que carga material de construcción. En la cabina van dos hombres, uno uribista, el otro “guerrico”, segun el primero. “Lo que pasa es que yo viví diez años en la Venezuela de Chavez! Ahora tuve que devolverme porque eso esta muy feo pero yo cuando se presenten voto a las FARC!”.

2. En Santa Marta me levanta el señor Alfonso Hernandez, 35 años de camionero, nacido en Calarcá. Deja de “desgraciado” para arriba al presidente Santos; denuncia que la situación de su gremio es muy grave, el gobierno ha dejado paso a una multinacional de transportes, Impala, que llega con sus mulas propias y su lógica neoliberal a quitarle el trabajo a él y sus paisanos. 43 días de paro camionero nacional, en junio de este año, no sirvieron de nada “los líderes sindicales se vendieron por una platita mientras nosotros poníamos hasta muertos en la lucha”. Vemos decenas de camiones esparando carga en varias indústrias, me dice que algunos compañeros ya estan buscando otros trabajos.

3. Ya en Ciénaga, tierra de la masacre bananera de Cien años de soled, me levanta esta vez un matrimonio. Ella ilusionada, “yo tambien soy periodista de formación pero no quise venderme y contar mentiras en un medio!”, luego fue gerenta de un banco durante 17 años. Él iba para cura pero su primo, “un diablillo”, le enseño otros caminos y hoy es transportista. Ella me habla de su juventud revolucionaria, de reuniones en la facultad con Carlos Pizarro y de las ideas de Bolívar y del Che.
“Pero yo misma le daria plomo a la guerrilla hasta matarlos a todos! (…) Los únicos años en los que yo podía caminar sola y tranquila por la calle fueron los de Uribe!”. Sí, es bolivariana y uribista. Y votó no en el plebiscito porqué “como vamos a entregarles el país a esos sicarios?” Y con todo, son una pareja reamorosa, me invitan a almorzar y ya somos amigos en redes sociales.

4. A continuación me levanta un humilde padre de familia que va hacia la mina de carbón. Trabajará durante ocho dias 12 horas diarias y volverá a su casa, en Aracataca -tierra natal del Gabo-, para descansar tres jornadas antes de volver a la mina. Y asi hasta pensionarse: “yo cotizo es para luego viajar asi como tu, con mi mujer”. Asegura que si no fuera por el huracán Mathew hubiera ganado el Si este dos de octubre. En su pueblo, como en otros, no llegaron las mesas electorales porque estaba todo inundado. Pero siguen deforestando para plantar banano. “Claro que voy a votar a las farc, todo lo que sea cambio sera bueno”.

5. Finalmente Tumar es quien me deja en Curumaní. “De nada sirve votar…todos corruptos, cobran 28 millones para empobrecer más al pais”.

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IIRSA, la infraestructura de la devastació

Amèrica Llatina ha viscut una dècada de falsa esperança a través dels anomenats governs progressistes. Dels deus principals països d’Amèrica del sud només tres no han “gaudit” de les polítiques socials –o assistencialistes- que amagaven darrera una continuació i potencialització de la lògica neoliberal extractivista de la que el continent sencer és víctima des de la colonització. Perú, Colòmbia i Paraguay, no han tingut ni un Lula da Silva, ni un Hugo Chávez, ni un Néstor Kirchner, ni un Pepe Mujica, ni un Rafael Correa, ni un Evo Morales ni una Isabel Bachelet i malgrat tot, el continent sencer passa actualment per una mateixa fase expansiva de la infraestructura global de la devastació.

Ja l’han anomenat una “Nova Operació Cóndor”, una “Nova Fase de la Colonització” o la “Invasió de les Multinacionals”. El que està clar és que per la població que defuig de personificar la massa alienada llatinoamericana ja comença a ser palès i evident que fa anys que, amb l’eslògan del “desarrollo”, la seva terra ha entrat en un nou boom de saqueig i genocidi on, com sempre en aquest continent, pobles indígenes, afrocolombians, comunitats camperoles i urbanes de les perifèries perden a diari vides, territoris i recursos naturals en mans del poder fàctic polític, còmplice i beneficiari del poder real, el financer, l’econòmic, el global, el que camina cap a una supremacia.

Sens dubte, des del camp polític i econòmic el panorama és fosc perquè el que s’està donant a conèixer són els passos finals i definitius d’una estratègia globalitzadora que fa un parell de dècades que està firmada i aprovada de manera totalitària pels que s’han cregut els governants de la terra, en aquest cas encapçalats pel Banc Interamericà de Desenvolupament. En el camp espiritual d’aquest continent tan ric però, no està tot dit: precisament en la riquesa natural i energètica de les muntanyes, els rius, les selves, els llacs i en la força ancestral de tants pobles que lluiten i resisteixen en el temps i l’espai rau una preciosa possibilitat de deconstrucció i creació pròpies que mica en mica transformi la foscor. Les dimensions del monstre són desafiadores (gegantines represes, ports imperials, tones d’asfalt, mineria a cel obert, túnels que travessen centenars de quilòmetres de terra andina…) però mai hem d’infravalorar la força de la Mare Terra, del Poble, del Sol o de la Lluna, de tempestes, terratrèmols o huracans.

Els mitjans de comunicació devastadors de consciències mai faran l’exercici de reflectir lluites, explicar causes i sumar els milions de persones que surten als camps i als carrers des de fa dècades cridant en contra d’un sistema demolidor com el capitalista, d’una fase aniquiladora com la neoliberal i d’una casta traïdora i enganyosa com la dels polítics que s’han posat la samarreta del Poble i de la Mare Terra i que en els seus noms han seguit assassinant-los.

El documental “IIRSA: la infraestructura de la devastació” ens dóna eines per entendre la dimensió de la greu situació per la que passen els recursos naturals i els pobles de l’estimada Amèrica Llatina.

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