Hacia el útero de Colombia

Hacia la Laguna de la Magdalena. En la estrella hídrica, el Macizo Colombiano, donde nacen las venas de estas tierras, el Magdalena, el Caquetá, el Cauca, el Putumayo, el Patía.

A veces el piso del camino nos parece tan bonito que no deseamos siquiera pisarlo. Pétalos de colores, frutos, cortezas,piedras de formas mensajeras.

A veces el entorno es tan hermoso que no queremos avanzar sino quedarnos maravillados, observando.

A menudo, como el que quiere mirar continuamente al público mientras lee o recita, nos invade la voluntad de caminar mirando hacia el cielo, hacia las montañas, las praderas, la selva, los páramos que cruzamos. Pero bien tenemos que prestarle nuestra sensibilidad y atención a las piedras del camino para no tropezar. 

Algunas veces miramos atrás e incluso nos pasa por la cabeza la idea de parar, dar media vuelta y deshacer el camino ya andado, por temor a la incertidumbre del que queda por delante. 

Y no, nadie dijo que el camino pueda ser siempre como el fluir del río. Pero podemos ser víctimas de todas esas sensaciones y aun así continuaremos caminando. Porque ella sigue allí en el horizonte, firme. La Utopía no descansa, nos observa acercarnos.

Consciencia en cada paso.

 

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