Entrevista a Feliciano Valencia, preso político de consciencia del pueblo Nasa

“Resistencia es caminar y ser capaces de tener lo propio”

Berta Camprubí, Resguardo Mochique Los Tigres

Feliciano Valencia nació en el resguardo indígena Mochique Los Tigres del combativo departamento del Cauca, Colombia. Miembro del pueblo nasa, una nación ancestral que se extiende alrededor del río Cauca y los páramos del suroeste colombiano, ha aprendido desde niño a defender la autonomía de los pueblos indígenas y la unidad con el resto de comunidades oprimidas. Abre interesantes debates a partir de mis cuestiones durante más de tres horas en el Centro de Armonización Gualanday, centro penitenciario regido por la Jurisdicción Especial Indígena, donde cumple una condena de 16 años por el supuesto secuestro de un cabo del ejército infiltrado en una masiva movilización indígena el año 2008. A medida que avanza la dialéctica se va liberando de su diplomacia inicial y se radicalizan sus argumentos.

Usted es un referente para el movimiento indígena en una región, el Cauca, que es referencia para la lucha indígena a nivel internacional. En qué debería enfocarse ésta lucha en la coyuntura actual?

Mirando lo que hemos construido en los 45 años de proceso organizativo con el Consejo Regional Indígena del Cauca, el CRIC, creo que el movimiento indígena debe centrarse en primer lugar en consolidar los Planes de Vida como alternativa al modelo imperante dominante, fundados en lo cultural-espiritual. Segundo, centrarse en el tema de la autonomía. Hay que precisar que una cosa es la autonomía de los pueblos indígenas desde lo que somos, que es práctica y precisa, y otra cosa es la autonomía que nos da el Estado, una autonomía de papel.

El tercer elemento es la unidad con otros sectores para construir un poder popular más allá de lo indígena; la unidad con negros, con campesinos, con estudiantes, con sindicalistas y la unidad con muchos procesos sociales que vienen librando batallas. Una unidad sin vanguardias, sin caudillismos, una unidad de hecho. Y la otra prioridad debe ser defender el territorio, el territorio como la posibilidad de la existencia nuestra, la posibilidad de la existencia del planeta y del universo.

Líderes indígenas siguen siendo asesinados a diario como es el caso reciente de Berta Cáceres. Algún día terminará ésta persecución?

Creemos que ese es el coste político que los movimientos sociales, indígenas, populares, en el mundo hemos pagado por confrontar un sistema, un modelo y un poder establecidos. En esas ligas y en esas batallas hemos puesto muchos muertos, ahí nomás está el caso de nuestra compañera Berta Cáceres luchando en Honduras. Y nos preocupa mucho el caso colombiano porque si las condiciones de seguridad real no mejoran el postconflicto va a seguir contando muertos. En Colombia están habiendo negociaciones para que las FARC y el ELN se desmovilicen pero el paramilitarismo, algo contradictorio, va en aumento. Y el narcotráfico y las bandas criminales se mantienen. Y la institucionalidad colombiana es muy débil para actuar contra este tipo de crimen organizado.

Sufrimos el flagelo de la delincuencia común que es avasalladora ya en el país, sufrimos el problema de la corrupción y sufrimos a los bandidos o los delincuentes de cuello blanco. Si la correlación de fuerzas no cambia en el país y los que estamos buscando acceder al poder para transformarlo no tenemos las mínimas garantías, el asesinato de líderes sociales va a continuar. Por un lado está la eliminación física de los luchadores sociales, por otro lado la criminalización de la protesta social y por otro lado aun está la judicialización de los líderes sociales y populares como es el caso mío. Yo estoy condenado a 16 años de cárcel ser un luchador y un activista social. Cuando uno mira mi proceso, el derecho actuó de manera política; la justícia funciona al servicio de unos poderes.

Opina que América Latina está experimentando un giro a la derecha?

Intuimos que sí. Se ve en el contexto, en el vecindario, este mensaje, la pérdida de terreno del poder izquierdista social y la avanzada otra vez de la derecha. Entonces mira, Venezuela en crisis, a puertas de perder ese poder nacional que tiene, los modelos ecuatoriano y boliviano cuestionados en este momento… Así que parece que hubiera, o un repliegue o una nueva ocupación del poder real por parte de la derecha en Latinoamérica con Macri en Argentina como exponente. Brasil se mantiene con algunas dificultades pero hay una avanzada fuerte de la oligarquía y lo que más nos preocupa es que gane Trump en los Estados Unidas y que acabe con lo popular que queda en Latinoamérica.

Los gobiernos llamados progresistas –Evo Morales, Rafael Correa– han favorecido de manera real a los pueblos indígenas?

Es difícil de decir. No se ha dado en una realidad pragmática que podamos palpar y ver. Por ejemplo el gobierno progresista de Rafael Correa en Ecuador terminó enfrentado al movimiento indígena en algunas regiones. Los pueblos indígenas venezolanos, aunque tienen participación y reconocimiento en el gobierno, no tienen el poder ni los derechos establecidos como pueblos indígenas en las declaraciones internacionales. En Bolivia Evo Morales tuvo su periodo de crisis y el pueblo indígena se le enfrentó también respecto a su concepción de desarrollo. Los mapuches en Chile están prácticamente avasallados por el Estado y qué diremos de los argentinos, qué diremos de los guatemaltecos y etc. Así que hasta ahorita no ha habido un gobierno que haya retomado el pensamiento, la lógica y el modelo del gobierno indígena para utilizarlos en el gobierno convencional occidental o por lo menos tomarlos como referencia. Todavía nos ven como algo simbólico, como algo folklórico o como algo formalizado que debe tener un gobierno para decir “miren, si somos humanistas con los indígenas”, pero real, real, no.

El líder indígena en un ritual de pagament a la terra amb la comunitat. Ariel Arango

Las transnacionales, los tratados de libre comercio y los gobiernos neoliberales avanzan en América Latina. Como frenarlos?

Vuelvo a insistir en la unidad. Ese bloque, por decirlo así, indígena-campesino-afro que vive de la tierra y que tiene en el territorio su lógica vital, tiene que ser capaz de construir un paradigma económico propio, alternativo, real y capaz de confrontar el otro modelo. Si no tenemos una autosuficiencia para sostener estos procesos vamos a tener que ser dependientes de los Estados o dependientes de la cooperación internacional o de las dádivas que nos den en el mundo. Porque las necesidades avasallan a las comunidades y si vamos a vivir dependiendo del Estado en todo momento no vamos a poder permitirnos esa autonomía que reivindicamos.

Entonces, como parar el modelo neoliberal? Siendo capaces de satisfacer nuestras necesidades. Por ejemplo, mientras el poder hegemónico nos dé un sistema educativo al servicio del modelo neoliberal, un modelo económico basado en el extractivismo, nosotros tenemos que tener nuestro sistema educativo y social propios al servicio de nuestro modelo comunitario. Si las fábricas de Coca-Cola o gaseosas son funcionales al modelo neoliberal, los indios por qué consumimos gaseosas cuando nosotros divinamente podemos crear nuestras bebidas? No debemos hacerle el juego al modelo neoliberal, y esa debe ser una postura política muy fuerte en el interior de nuestros procesos. En fin, aprovechar todo lo que la naturaleza nos da para combatir el modelo neoliberal. Si él está acabando con La Madre Tierra nosotros debemos ser capaces de revertir y confrontarlo utilizando bien los recursos que ella nos da. Pero el neoliberalismo es una aplanadora, si no lo puedes confrontar con casas concretas, te pasa por encima.

“En el debate entre desarrollo y Buen Vivir en América Latina parece disputarse una parte fundamental del futuro del planeta Tierra”, dice Pablo Quintero. Cuáles son las contradicciones entre desarrollo y Buen Vivir?

El desarrollo está fundamentado en un sentido de bienestar que lo da la plata, los recursos económicos; es tener para poder ser y se ha ido metiendo a todo el mundo en esa lógica para la que hay que trabajar de modo tal que termina uno siendo esclavo de toda esta visión que no te permite ser libre. La lógica del Buen Vivir es contraria y contrapuesta. “Yo soy” primero; soy con la tierra, con el territorio, con mi cultura, con mi identidad, soy si tengo un pensamiento y lo construyo, lo defiendo y lo comparto. Tener comida, tener agua, tener casa, también, pero no la infraestructura sino una noción de casa a nivel de territorio y comunidad; puedo ir donde el vecino, puedo ir al río, a la montaña. Siembro, mis hijos van a comer de eso, se me enfermó mi hijo; subo al páramo a buscar las plantas medicinales, yo mismo le curo. Ese es el Buen Vivir para mí. Y es muy contrario a lo que nos ofrece la modernidad, con una visión de desarrollo que va eliminando la vida en el planeta.

La industrialización para la comodidad de la gente sacrifica las posibilidades de vida del resto de la humanidad. Con el agravante de que ese desarrollo y ese bienestar que planea el mundo occidental en clave de modernidad no es accesible para todo el mundo. No es fácil tener acceso a un carro, un apartamento, una buena universidad, son pocos los que pueden. En cambio, gozarnos esta Tierra, este paisaje, la naturaleza, la montaña, la comunidad, los amigos, el tiempo que quiera, eso no se mueve con dinero, eso se mueve con el territorio y la Madre Tierra. Así vemos la contradicción entre el desarrollo occidental y nuestro Buen Vivir.

Algunos estudios han demostrado que la concentración de riqueza está directamente relacionada con la devastación de ecosistemas, como combatirlas?

Es muy difícil porque el modelo neoliberal tiene una infraestructura muy bien montada. El sistema financiero, el educativo, de comunicaciones y tecnologías, todos le funcionan al modelo hegemónico avasallador. Pero nosotros tenemos los inventos diarios para contrarrestarles así que depende mucho de la conciencia política, el pensamiento, la actitud. Para contrarrestar esa lógica necesitamos mucha pedagogía, mucha educación, hay que descolonizar la mente porque nos la domaron, nos la adoctrinaron. Son 200 años de vida republicana, en el caso nuestro en Colombia, y son 500 años de sometimiento. No los vamos a sacar de la noche a la mañana pero se trata de seguir librando esta batalla permanente. Así que descolonizar tiene que ser una premisa, porque lo han hecho por todos los lados, por el gusto, por los oídos, por los ojos. El modelo neoliberal lo que hace es seguir alimentando la colonización y nosotros a veces no creamos contingencias suficientes. Se trata de insistir con las alternativas: sembrar, construir medio propios de comunicación, hacer mingas de pensamiento, mingas agrícolas, producción limpia, sin químicos, boicot a productos externos, gaseosas… Con lo buena que es el agua-panela con limón nuestra!

Si me pongo a hacer cuentas de lo que tengo para contrarrestar el modelo, lo tengo todo. El problema es que no lo estamos utilizando en masa. Y cómo llegar a las masas? a través de los usos y costumbres, de todo un proceso de recuperación de saberes y tradiciones que están allí esperando por nosotros.  Por ejemplo, la salud debe volver a ser preventiva como era antes. Hoy en día es cuando nos enfermamos que corremos a ver a nuestros the wala –médicos tradicionales- y no debe ser así. Qué es mejor, que nos pongan una farmacia acá arriba en la vereda o enseñar a los niños para qué sirve cada planta? Hay que mirar más hacia dentro. Las plantas no necesitan dinero, las pastillas, una inyección, un jarabe, si. Nos complicamos la vida cuando la naturaleza nos lo está dando todo. Nos dejamos avasallar. Contradicciones. Es una cuestión de convicción y de mucha conciencia. Si no tienes formación, cultura, pensamiento y conciencia tienes que acudir al dinero, porque ahí si el dinero te puede solucionar algo.

Contrarrestada con el alarmante gasto militar que tiene muchos Estados, la Guardia Indígena funciona sin armas y suele ser efectiva, cual es su estrategia?

Mira, el presupuesto para la seguridad de las fuerzas militares del país es equivalente al presupuesto de salud y educación juntas. Absolutamente absurdo. La Guardia Indígena tiene una dinámica realmente fuerte, comunicación, formación, espiritualidad, mingas, recorrido permanente en el territorio, puestos de control. No nos hemos puesto a cuantificar cuanto nos cuesta esto pero sale de la comunidad porque es respetada por todo el mundo. Es una alternativa real porque tiene un componente cultural y espiritual que no lo tienen los otros grupos de seguridad armada. Ahí está la fuerza. En tiempos de problemas todo el mundo somos guardia, por eso todo el mundo tenemos la pañueleta roja y verde distintiva, si pasa algo nos la ponemos y vamos. Llevamos 16 años consolidando este proyecto que para mí es la mejor alternativa para el tránsito hacia la paz. Es el poder de la palabra, de la razón, de la fuerza espiritual que tiene el bastón de mando de la guardia frente el poder mortal que tiene una escopeta o un fusil. La humanidad que quiere, una arma mortal o una alternativa civil a través de un elemento simbólico que sea capaz de poner orden en el territorio? Si estamos hablando de la vida, sería lo segundo, sería la Guardia Indígena.

Necesitamos las instituciones públicas para llegar a una transformación social hacia el Buen Vivir?

Necesitamos consolidar nuestras propias instituciones alternativas. Necesitamos instituciones que no se basen en el emplealismo, o sea, emplear a la gente, sino que hay que poner a construir a la gente. No podemos ser tibios, tenemos que ser concretos.

Las instituciones convencionales nunca serán una alternativa para la lógica de construcción popular. Una alcaldía y un cabildo indígena (unidad de gobierno indígena propio reconocida legalmente en Colombia) jamás serán compatibles, y ya hemos caído en la cuenta, al menos los indígenas, que si bien es cierto que necesitamos la alcaldía a veces, ese poder no es el fin para nosotros, es un medio para fortalecer nuestra institución propia. Y menos mal que los negros y los campesinos también han ido reflexionando en esa materia y pensando en su propia institución. Pero pesa, pesa mucho todavía, que los procesos y luchas sociales quieren llegar a conquistar esas instituciones de poder estatal y ahí es donde estamos siendo contradictorios.

Cree que deben aceptar la occidentalización como un paradigma ya naturalizado o deben combatirla como canon hegemónico?

Claro, el movimiento indígena ha adoptado muchas formas occidentales, la misma estructura de cabildo es una forma colonial que hoy funciona como nuestra estructura de gobierno. También las leyes que nos protegen son occidentales. Tratados, convenios, declaraciones, son visiones occidentales que tratan de interpretar el mundo indígena. Nosotros adoptamos todo lo que viene de allá pacá pero de aquí pallá no han aprendido nada. Estamos supeditados a la OEA o a la ONU, de carácter internacional, para salvaguardar nuestros derechos. Pero la ONU nunca ha adoptado una propuesta nuestra para que se convierta en tratado internacional…

Entonces mira, creo que si hay unas adaptaciones del mundo occidental que nos han servido, no podemos negarlo, es más, las necesitamos hoy en día. Pero hay cosas que han sido muy lesivas para nosotros. Por ejemplo eso de las experticias: un indio se va a la universidad, lo devuelven experto en un tema y parece que nos olvidamos de los demás. Eso va en contra de nuestro pensamiento integral. Otro aspecto son los vicios –o costumbres- occidentales que se van metiendo en los asuntos internos nuestros. Por ejemplo la elección de las autoridades de los cabildos antes era por consenso y ahora es al revés, salen candidatos y se les tiene que votar individualmente, e incluso algunos ya hacen campaña y así se forman divisiones y ya se vuelve un problema. Antes todo era comunitario y colectivo.

La tecnología la adoptamos también, ya hoy en todas las oficinas de los cabildos indígenas tienen computadoras. Las formas de producción también son muy occidentalizadas. Antes nosotros teníamos solo nuestro tul nasa, donde sembrábamos de todo. Hoy en día entró la tecnificación, los monocultivos, la producción con químicos, en fin una cantidad de cosas del mundo occidental capitalista que avasallan los territorios. Tenemos que luchar y lidiar con todo eso. El narcotráfico no era nuestro! La producción de alcaloides no es un asunto nuestro, nosotros lo que hacíamos es mambear la coca, ritualizarla, pero no convertirla en heroína o cocaína. Ese si se ha vuelto un problema muy difícil de combatir.

Y otro aspecto bien grave: Ya hay una burocracia indígena. Y su tendencia hoy en día es a concentrarse y luchamos incansablemente para que no termine concentrando poder y la comunidad quede supeditada a ella. Por eso diariamente estamos repensando formas organizativas que no permitan eso y que hagan que la comunidad tenga el control absoluto de la estructura y del proceso organizativo que se va creando. Es muy difícil, pero tratamos de hacerlo. Ojala los recursos económicos no nos pesen y la burocracia para gestionarlos no nos atrape y termine controlando más que la comunidad.

Cumple una condena de 16 años por un delito de secuestro. Cuál fue realmente la acción, “el crimen” que cometió?

Pues yo hasta ahorita me lo pregunto. El hecho se presenta en el año 2008 en La María Piendamó, en el Cauca, a raíz de un proceso de movilización que hicimos para pedirle cuentas al gobierno de Uribe sobre incumplimiento de acuerdos. No vino, nos mandó una represión impresionante, con fuego de armas de largo alcance, tres días de forcejeo en la vía Panamericana, 82 heridos, un compañero asesinado por la fuerza pública… los ánimos estaban muy caldeados. Y en ese contexto se presenta la situación del soldado Chaparral Santiago que se infiltra entre la comunidad de manera premeditada con un fin concreto de colocar artefactos dentro de la comunidad para darles la razón al ejército y al presidente Uribe que nos acusan de tener guerrilleros de las FARC dentro la comunidad. Lo que en Colombia conocemos como un falso positivo, eso nos iban a hacer.

Rendint homenatge a la Mare Terra al ritual de Saakhelu. Ariel Arango.jpg

La Guardia Indígena lo detectó y la asamblea lo sentenció a nueve fuetazos, como remedio tradicional. A él se le armonizó, se le dio la palabra para que se retractara, en fin, se hicieron todos los procedimientos de rigor y de manera pública. Luego lo entregan a la defensoría del pueblo y él llega a Popayán y interpone una demanda. Y la fiscalía determina que yo soy el culpable de todo mientras que yo solo aparecí para coordinar la asamblea. Se vulneraron todos mis derechos como indígena y al día siguiente de la denuncia yo ya estaba en la cárcel, estuve en un calabozo 54 días hasta que la justicia indígena peleó mi traslado aquí al Centro de Armonización del Resguardo de Gualanday, mi cabildo.

Lo más agravante es que la condena que pide la ley colombiana por el delito de que se me acusa, secuestro simple, oscila entre 9 y 16 años y a mí me dieron la máxima pena, que es desbordado. Entonces se interpuso el recurso de casación y la corte suprema de justicia convocó audiencia para el 23 de mayo. Si no nos va bien iremos a la justicia internacional, a La Haya. Todos los analistas jurídicos a los que hemos consultado defienden que a la luz de la realidad nunca hubo un secuestro. Otro hecho que se vulnera desde la fiscalía es que yo ya era beneficiario de medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por amenazas y tenía medidas de protección del Estado colombiano, es decir un esquema de seguridad, aunque yo nunca me dejé colocar escoltas armados, yo andaba con dos guardias indígenas.

Se considera un preso político?

Un preso político de consciencia. Porque nunca he militado ni he sido activista de un movimiento armado en Colombia. He luchado contra el Estado por los derechos indígenas y por eso termino condenado, en el fondo es eso. Confrontar a los ricos, al gobierno, a la fuerza pública cuando atropella a las comunidades…todo eso me lo cobraron en este proceso jurídico.

Ha recibido ofertas de acilo político, porque no las ha aceptado?

Ha habido muchas ofertas, de Ecuador, Bolivia, Venezuela, Suiza. Yo creo que no tengo motivos para irme del territorio, aquí nací, aquí he hecho mi vida política, mi vida indígena y estoy muy bien aquí, hemos hecho mucho y se ve en resultados, hay un acumulado muy importante y hay mucho por seguir haciendo y por ahora no tengo en mente salir del país, huir a otros procesos. Eso sería darle el gusto a los enemigos del mundo indígena.

Cómo es cumplir condena en un Centro de Armonización, dentro de la jurisdicción especial indígena?

La autoridad indígena, que es el cabildo, aquí tiene un manual de convivencia y debemos de participar de la comunidad, es decir, hacer labores agrícolas, procesos de formación y capacitación, hacer los rituales espirituales de armonización, asistir a los eventos comunitarios, asambleas etc. La custodia es del cabildo y este delega en la Guardia Indígena para que nos cuide en el Centro Gualanday. Si debo salir a hacer gestiones a las áreas urbanas  salgo con permiso del cabildo acompañado de guardias indígenas. Y el IMPEC sube cada 15 días a pasar revista de nuestra estadía aquí.

Tengo restricciones en derechos políticos como ciudadano colombiano pero los derechos indígenas los conservo porque toda la comunidad sabe que este es un juicio político. Y gracias a estar aquí todavía sigo activo, formando a gente y compartiendo, ya no caminándome el país como hacía antes, ahora es la gente que viene aquí a Gualanday a seguir en el activismo político. La ACIN (Asociación de Cabildos del Norte de Cauca) y el cabildo de acá han definido Gualanday como un Centro Indígena de Armonización Espiritual pero también un centro de formación y construcción política, en el contexto del norte del Cauca. Así que aquí todos los días pasa gente, compartiendo, trabajando, en mingas de pensamiento, en rituales, en fin, se volvió un centro de pensamiento político, de formación permanente.

Como son las mingas de pensamiento?

Las mingas de pensamiento se dan con las autoridades o con los sabios, los médicos tradicionales, que aquí llamamos the walas. Buscamos la luna adecuada para que la conversa fluya y nos sentamos con la medicina, la coca, las plantas, las bebidas que necesitamos para conversar y repensarnos el proceso, como seguir construyendo unidad, como afrontar la relación con el gobierno, y fortalecer el mundo. Normalmente vamos a los sitios sagrados; a ríos, lagunas, nacimientos de agua, montañas, bosques. Una noche, dos noches, tres noches, sintiendo, cateando, mirando el mundo y como seguimos caminando y resistiendo. Luego también hay mingas de formación política, con estudiantes, con mujeres, con jóvenes. Aquí llega gente que dice “Feliciano, aquí traigo coquita, agua ardiente, sentémonos a conversar”, y así lo hacemos. Esas son las mingas; unirnos, pensar y sentir para construir lo que necesitamos.

Se siente afortunado de poder cumplir condena aquí?

Pero claro que sí. La suerte que corrí yo no es la suerte de muchosFent treball comunitari al centre d'harmonització. Berta Camprubí.JPG presos políticos en el país que están en condiciones fatales o incluso que han muerto buscando asistencia médica en centro carcelarios. Y yo no estaría aquí si la gente no se hubiese movido. Apenas me llevaron preso, la Guardia Indígena de la comunidad llegó hasta la cárcel de San Isidro, se instaló a las afueras de la cárcel y estuvieron día y noche acompañando, fue impresionante. Fue un reflejo, casi que un agradecimiento por la entrega, el compromiso y la labor que hemos desempeñado en este proceso. La verdad es que si que soy un privilegiado, aquí estoy con la comunidad, con la familia, con mis hijos, con mis amigos, con todo el mundo. Debo cumplir si una normas establecidas por el cabildo, pero estoy bien aquí, aunque hay que cuidarse porque enemigos políticos hay en todas partes, hay que ser prudentes y acatar siempre lo que la autoridad mía esté indicando.

Sigue recibiendo amenazas?

Sí, claro. Aquí intentaron tres veces entrar en el sitio donde duermo y permanezco. Afortunadamente fueron repelidos por la Guardia Indígena y estos personajes, que no hemos sabido quienes son, dispararon. Por suerte no pasó nada. En otra ocasión también hubo un ataque allá abajo en el puesto de control. Se denunció y ha mermado, pero las amenazas siguen, de hecho el otro día llegó un panfleto firmado por un grupo paramilitar, aunque a ciencia cierta no se sabe quiénes fueron ni quiénes son los que sigue acechando.

Para ir terminando, como caminar hacia la paz en Colombia?

La paz, para mi concretamente, es la posibilidad de empezar a conversar para ponernos de acuerdo respecto a lo que queremos. Debe haber todas las condiciones, los mecanismos y las garantías para que conversemos y no seamos sometidos a la concepción de paz que se está negociando en este momento, de arriba abajo y no de abajo arriba. Creo que Colombia está dando los pasos. Si se logra negociar el conflicto armado con las FARC, con el ELN y con el EPL habremos desactivado un mecanismo que no nos está posibilitando construir la paz. Por eso hemos salido a respaldar las negociaciones del conflicto armado. Pero luego el Estado tiene que dar un viraje en términos de transformar problemas estructurales del país, empezando por la redistribución de la riqueza.

Hay que transformar Colombia, lo que tenemos no es democracia. Hay que darle fuerza a las regiones para que pasen a participar directamente del destino de ellas. Atender los asuntos sociales; la salud tiene que ser patrimonio público del pueblo colombiano, no puede ser un privilegio. Educación, vivienda, empleo, servicios públicos, todo tiene que ser garantido por el Estado. Si no hay satisfacción de las necesidades sociales la paz va a ser muy difícil, porque de hambre nadie se va a dejar morir. Hay que apoyar al campo, a los campesinos con subsidios. Los subsidios para que sirven? Para dar un aire al pueblo que con tanta protesta y movilización tiene que comer también.

La verdad, no, no creo que el gobierno de Santos haga todas esas reformas pero es que la otra es renunciar al Estado de manera definitiva y hacer como los zapatistas. Renunciamos al Estado y nos independizamos totalmente del Estado y no nos joda más el Estado. Para mí particularmente, en el fondo, esa es la concepción, para mí esa es la autonomía de la que te estoy hablando. Hablamos de autonomía pero un gobernador de cabildo está arrodillado ante el alcalde para que le dé para una cancha de fútbol; para mí eso es mendicidad. Un levantamiento indígena, yo estoy en esa línea. Levantémonos para mantener nuestro propio gobierno, nuestro territorio, nuestra propia constitución y decirle a la sociedad colombiana que nos deje en paz, que no nos dé si no nos quiere dar.

Ustedes tienen reconocida legalmente bastante autonomía; gobierno propio, jurisdicción especial indígena, órgano de defensa propio… Están acercándose?

Estamos cerca, para allá vamos. Esa es la autonomía deseable pero cuando a mí me ven diciendo esas cosas los ricos se asustan y mire a donde me traen. Este es el fondo del tema. Entonces tengo que moderar mi discurso de cara al sistema pero también de cara a las comunidades. Aun así, yo siempre he dicho que no confíen en la constitución, algunas leyes son incluso bonitas, pero de aquí a que se cumplan, olvídese. Lo que intentamos hacer a nivel local en Gualanday es esto, un nicho de autosuficiencia. Aquí estamos llegando casi a la “vida sabrosa” vea, mire; trabajamos al ritmo que vemos adecuado, no tenemos un patrón que nos esté mandando, producimos nuestro abono, cocinamos lo que queremos que sacamos de la huerta, nos podemos relajar, no nos vigila nadie, no nos vamos a ir de aquí, somos conscientes. Hay que demostrar que se puede porque la gente si no ve no cree, y entonces se va a reclamar al papá Estado.

Hay que caminar hacia la independencia absoluta, si nos desprendiéramos del Estado no nos moriríamos de hambre, ya tenemos toda la capacidad, el conocimiento y los saberes para resistir. Ese es el sentido de resistencia. No es resistencia estar hablando contra un muro llamado Estado, es resistencia caminar y mostrar que somos capaces de tener lo nuestro propio. No me vale una autonomía de papel, una autonomía en realidad dependiente. Así que, insisto, como confrontamos el modelo neoliberal? Construyendo, fortaleciendo y afanando más nuestro propio paradigma que ya está bien avanzado, solo hay que dar pasos trascendentales. Y el paso trascendental al cual me voy a dedicar el resto de mi vida, sea preso o libre, es darle forma a ese sentido de gobierno propio para poder decirle al Estado: “déjennos ser verdaderamente libres”.

 

#FelicianoLibreYa

 

Fotografías de: Ariel Arango y Berta Camprubí

 

 

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