De la vida raspachina y sus alternativas

Viste pantalón largo, camisa de manga larga, botas y un trapo debajo la gorra: el calor no es peor que los moscos. Con cintas de alguna camiseta vieja que, evitando que lo hagan sus dedos acabaran rasgadas y desgastadas, se enrolla cada dedo índice. Lleva el coco en el que irá depositando las infinitas hojas de coca y una estopa donde ir acumulando, libra tras libra, el fruto de su trabajo. Lleva también una jigra con el aparatito radio, gato –desayuno y almuerzo  que preparó su mujer madrugona presa del fogón de leña y el humo- y un tarro con agua panela. A las cinco y media ya raspa.

Hacia las cuatro y media o cinco de la tarde llega al rancho con ese costal pesado. Su mujer, como siempre, le tiene preparada una limonada fresca. Cogió 20 quilogramos. A 1.000 pesos el quilo ese día se ganó 20.000 pesos, 6.70 euros. En unas 11 horas de trabajo. “Apenas para la comidita da, ahora que los pelaitos empiezan curso, no hay con qué pagar el material escolar, toca ponerse a vender empanadas”, comenta con su mujer mientras se saca la mugre de los ojos.

Cuando su finca, seguramente de menos de una hectárea o de 10.000 matas de coca, esté íntegramente raspada y vendida toda la hoja a algún otro agricultor que ha decidido aproximarse un poco más al negocio del narcotráfico y sumergirse en el mundo de los laboratorios químicos, tendrá que ir a jornalear para otros. La misma cosa con una caminata, más o menos larga, de mañana y de tarde. Uno de estos días, raspando y raspando, recuerda sus 13 años en Cali, cuando podía llegar a tener aparte 12 y 13 millones de pesos, unos 4.300 euros, una fortuna.

Hacia las ocho y media, mientras sentados en el suelo desayunan su arroz con fríjol y plátano frito, otro trabajador le pregunta:

– Como hizo para entrar a trabajar en la olla?

– Por la suegra, que hasta ahora vende! Empezó con que si podía conseguirle 100 gramitos de acá de la vereda, luego que media libra y así a lo último ya me fui para allá, comencé de trabajador y luego alquilé un local en la olla, ahí en El Calvario, y monté una chatarrería y vendía de hasta tres libras por semana, a 6.000 pesos el gramo. Mucha ganancia, eso era como millón por semana.

– Peligroso, no?

– Uh, cuando me devolví yo quedé más endeudado… debo como 8 millones! Cogieron a un muchacho que llevaba la mercancía y tuve que pagar la mercancía y la moto, además algunos de mis vendedores eran viciosos y se consumían la mercancía y había que pagar impuesto a los tombos, que eran tres turnos distintos, eso eran 600.000 mensuales.

– Como le llegó la policía?

– Llegaron a requisar: “qué, esto como que no solo es chatarrería, usted como que vende basuquito, no?”, “requísenme”, les dije, y a mí no me encontraron nada sino que ellos ya sabían: “usted vende con los papelitos de tal color, que yo le compré a uno que trabaja con usted… sabe qué puede hacer para que no contemos nada? Nos paga 200.000 cada mes”. Luego vienen bandas de la zona conocidas y te cobran vacuna.

– Le amenazaban sino?

– Esos sí, esos te presionan, le dicen a uno “nosotros trabajamos así, colabórenos o sino no podrá trabajar o usted verá, trabaje para nosotros, vamos a trabajar”, no, eso se volvió pero un lío…

– Aquí uno si trabaja tranquilo por lo menos, con el sonido de los pajaritos…

– Uh, pero esto es duro. Pa’ la comidita da, pero ahora que los pelaitos empiezan curso, a mí me toca pagarles los libros, el grande que lo tengo en Cali, estudiando en un barrio sano, quedé de colaborarle con 150.000 al mes, la matricula es a partir de mañana y no hay con qué. Yo quisiera que ellos fueran más sanos.

– Bueno, por ahí irse a la ciudad a vender le dio más plata pero tuvo buena suerte porque no le pasó nada. Uno lo piensa pero cualquiera no se va a la olla sino conocer a alguien, allá le pelan a uno.

Y vuelven y siguen raspando.

“Soy el raspachin de los cocaleros

y vivo mi vida, vivo vivo bueno.

Voy de finca en finca toriando avisperos

de esos que se encuentran en los cocaleros

raspando y raspando me gano el dinero

hay que tener cuidado vivo entre los fuegos”

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